LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 21 DE Mayo 1 Crónicas 3, 4, 5
Los hijos de David
(2 S. 3.2–5; 5.13–16; 1 Cr. 14.3–7)
3
1Estos son los hijos de David que le nacieron en Hebrón: Amnón el primogénito, de Ahinoam jezreelita; el segundo, Daniel, de Abigail la de Carmel; 2el tercero, Absalón hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur; el cuarto, Adonías hijo de Haguit; 3el quinto, Sefatías, de Abital; el sexto, Itream, de Egla su mujer. 4Estos seis le nacieron en Hebrón, donde reinó siete años y seis meses; y en Jerusalén reinó treinta y tres años. 5Estos cuatro le nacieron en Jerusalén: Simea, Sobab, Natán, y Salomón hijo de Bet-súa hija de Amiel. 6Y otros nueve: Ibhar, Elisama, Elifelet, 7Noga, Nefeg, Jafía, 8Elisama, Eliada y Elifelet. 9Todos éstos fueron los hijos de David, sin los hijos de las concubinas. Y Tamar fue hermana de ellos.
Descendientes de Salomón
10Hijo de Salomón fue Roboam, cuyo hijo fue Abías, del cual fue hijo Asa, cuyo hijo fue Josafat, 11de quien fue hijo Joram, cuyo hijo fue Ocozías, hijo del cual fue Joás, 12del cual fue hijo Amasías, cuyo hijo fue Azarías, e hijo de éste, Jotam. 13Hijo de éste fue Acaz, del que fue hijo Ezequías, cuyo hijo fue Manasés, 14del cual fue hijo Amón, cuyo hijo fue Josías. 15Y los hijos de Josías: Johanán su primogénito, el segundo Joacim, el tercero Sedequías, el cuarto Salum. 16Los hijos de Joacim: Jeconías su hijo, hijo del cual fue Sedequías. 17Y los hijos de Jeconías: Asir, Salatiel, 18Malquiram, Pedaías, Senazar, Jecamías, Hosama y Nedabías. 19Los hijos de Pedaías: Zorobabel y Simei. Y los hijos de Zorobabel: Mesulam, Hananías, y Selomit su hermana; 20y Hasuba, Ohel, Berequías, Hasadías y Jusab-hesed; cinco por todos. 21Los hijos de Hananías: Pelatías y Jesaías; su hijo, Refaías; su hijo, Arnán; su hijo, Abdías; su hijo, Secanías. 22Hijo de Secanías fue Semaías; y los hijos de Semaías: Hatús, Igal, Barías, Nearías y Safat, seis. 23Los hijos de Nearías fueron estos tres: Elioenai, Ezequías y Azricam. 24Los hijos de Elioenai fueron estos siete: Hodavías, Eliasib, Pelaías, Acub, Johanán, Dalaías y Anani.
Descendientes de Judá
4
1Los hijos de Judá: Fares, Hezrón, Carmi, Hur y Sobal. 2Reaía hijo de Sobal engendró a Jahat, y Jahat engendró a Ahumai y a Lahad. Estas son las familias de los zoratitas. 3Y estas son las del padre de Etam: Jezreel, Isma e Ibdas. Y el nombre de su hermana fue Haze-lelponi. 4Penuel fue padre de Gedor, y Ezer padre de Husa. Estos fueron los hijos de Hur primogénito de Efrata, padre de Belén. 5Asur padre de Tecoa tuvo dos mujeres, Hela y Naara. 6Y Naara dio a luz a Ahuzam, Hefer, Temeni y Ahastari. Estos fueron los hijos de Naara. 7Los hijos de Hela: Zeret, Jezoar y Etnán. 8Cos engendró a Anub, a Zobeba, y la familia de Aharhel hijo de Harum. 9Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor. 10E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió. 11Quelub hermano de Súa engendró a Mehir, el cual fue padre de Estón. 12Y Estón engendró a Bet-rafa, a Paseah, y a Tehina padre de la ciudad de Nahas; éstos son los varones de Reca. 13Los hijos de Cenaz: Otoniel y Seraías. Los hijos de Otoniel: Hatat, 14y Meonotai, el cual engendró a Ofra. Y Seraías engendró a Joab, padre de los habitantes del valle de Carisim, porque fueron artífices. 15Los hijos de Caleb hijo de Jefone: Iru, Ela y Naam; e hijo de Ela fue Cenaz. 16Los hijos de Jehalelel: Zif, Zifa, Tirías y Asareel. 17Y los hijos de Esdras: Jeter, Mered, Efer y Jalón; también engendró a María, a Samai y a Isba padre de Estemoa. 18Y su mujer Jehudaía dio a luz a Jered padre de Gedor, a Heber padre de Soco y a Jecutiel padre de Zanoa. Estos fueron los hijos de Bitia hija de Faraón, con la cual casó Mered. 19Y los hijos de la mujer de Hodías, hermana de Naham, fueron el padre de Keila garmita, y Estemoa maacateo. 20Los hijos de Simón: Amnón, Rina, Ben-hanán y Tilón. Y los hijos de Isi: Zohet y Benzohet. 21Los hijos de Sela hijo de Judá: Er padre de Leca, y Laada padre de Maresa, y las familias de los que trabajan lino en Bet-asbea; 22y Joacim, y los varones de Cozeba, Joás, y Saraf, los cuales dominaron en Moab y volvieron a Lehem, según registros antiguos. 23Estos eran alfareros, y moraban en medio de plantíos y cercados; moraban allá con el rey, ocupados en su servicio.
Descendientes de Simeón
24Los hijos de Simeón: Nemuel, Jamín, Jarib, Zera, Saúl, 25y Salum su hijo, Mibsam su hijo y Misma su hijo. 26Los hijos de Misma: Hamuel su hijo, Zacur su hijo, y Simei su hijo. 27Los hijos de Simei fueron dieciséis, y seis hijas; pero sus hermanos no tuvieron muchos hijos, ni multiplicaron toda su familia como los hijos de Judá. 28Y habitaron en Beerseba, Molada, Hazar-sual, 29Bilha, Ezem, Tolad, 30Betuel, Horma, Siclag, 31Bet-marcabot, Hazar-susim, Bet-birai y Saaraim. Estas fueron sus ciudades hasta el reinado de David. 32Y sus aldeas fueron Etam, Aín, Rimón, Toquén y Asán; cinco pueblos, 33y todas sus aldeas que estaban en contorno de estas ciudades hasta Baal. Esta fue su habitación, y esta su descendencia.
34Y Mesobab, Jamlec, Josías hijo de Amasías, 35Joel, Jehú hijo de Josibías, hijo de Seraías, hijo de Asiel, 36Elioenai, Jaacoba, Jesohaía, Asaías, Adiel, Jesimiel, Benaía, 37y Ziza hijo de Sifi, hijo de Alón, hijo de Jedaías, hijo de Simri, hijo de Semaías. 38Estos, por sus nombres, son los principales entre sus familias; y las casas de sus padres fueron multiplicadas en gran manera. 39Y llegaron hasta la entrada de Gedor hasta el oriente del valle, buscando pastos para sus ganados. 40Y hallaron gruesos y buenos pastos, y tierra ancha y espaciosa, quieta y reposada, porque los de Cam la habitaban antes. 41Y estos que han sido escritos por sus nombres, vinieron en días de Ezequías rey de Judá, y desbarataron sus tiendas y cabañas que allí hallaron, y los destruyeron hasta hoy, y habitaron allí en lugar de ellos; por cuanto había allí pastos para sus ganados. 42Asimismo quinientos hombres de ellos, de los hijos de Simeón, fueron al monte de Seir, llevando por capitanes a Pelatías, Nearías, Refaías y Uziel, hijos de Isi, 43y destruyeron a los que habían quedado de Amalec, y habitaron allí hasta hoy.
Descendientes de Rubén
5
1Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito; 2bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José); 3fueron, pues, los hijos de Rubén primogénito de Israel: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi. 4Los hijos de Joel: Semaías su hijo, Gog su hijo, Simei su hijo, 5Micaía su hijo, Reaía su hijo, Baal su hijo, 6Beera su hijo, el cual fue transportado por Tiglat-pileser rey de los asirios. Este era principal de los rubenitas. 7Y sus hermanos por sus familias, cuando eran contados en sus descendencias, tenían por príncipes a Jeiel y a Zacarías. 8Y Bela hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel, habitó en Aroer hasta Nebo y Baal-meón. 9Habitó también desde el oriente hasta la entrada del desierto, desde el río Eufrates; porque tenía mucho ganado en la tierra de Galaad. 10Y en los días de Saúl hicieron guerra contra los agarenos, los cuales cayeron en su mano; y ellos habitaron en sus tiendas en toda la región oriental de Galaad.
Descendientes de Gad
11Y los hijos de Gad habitaron enfrente de ellos en la tierra de Basán hasta Salca. 12Joel fue el principal en Basán; el segundo Safán, luego Jaanai, después Safat. 13Y sus hermanos, según las familias de sus padres, fueron Micael, Mesulam, Seba, Jorai, Jacán, Zía y Heber; por todos siete. 14Estos fueron los hijos de Abihail hijo de Huri, hijo de Jaroa, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesisai, hijo de Jahdo, hijo de Buz. 15También Ahí hijo de Abdiel, hijo de Guni, fue principal en la casa de sus padres. 16Y habitaron en Galaad, en Basán y en sus aldeas, y en todos los ejidos de Sarón hasta salir de ellos. 17Todos éstos fueron contados por sus generaciones en días de Jotam rey de Judá y en días de Jeroboam rey de Israel.
Historia de las dos tribus y media
18Los hijos de Rubén y de Gad, y la media tribu de Manasés, hombres valientes, hombres que traían escudo y espada, que entesaban arco, y diestros en la guerra, eran cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta que salían a batalla. 19Estos tuvieron guerra contra los agarenos, y Jetur, Nafis y Nodab. 20Y fueron ayudados contra ellos, y los agarenos y todos los que con ellos estaban se rindieron en sus manos; porque clamaron a Dios en la guerra, y les fue favorable, porque esperaron en él. 21Y tomaron sus ganados, cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas y dos mil asnos; y cien mil personas. 22Y cayeron muchos muertos, porque la guerra era de Dios; y habitaron en sus lugares hasta el cautiverio.
23Los hijos de la media tribu de Manasés, multiplicados en gran manera, habitaron en la tierra desde Basán hasta Baal-hermón y Senir y el monte de Hermón. 24Y estos fueron los jefes de las casas de sus padres: Efer, Isi, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías y Jahdiel, hombres valientes y esforzados, varones de nombre y jefes de las casas de sus padres. 25Pero se rebelaron contra el Dios de sus padres, y se prostituyeron siguiendo a los dioses de los pueblos de la tierra, a los cuales Jehová había quitado de delante de ellos; 26por lo cual el Dios de Israel excitó el espíritu de Pul rey de los asirios, y el espíritu de Tiglat-pileser rey de los asirios, el cual transportó a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés, y los llevó a Halah, a Habor, a Hara y al río Gozán, hasta hoy. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 21 DE Mayo, Juan 8: 1 - 20
La mujer adúltera
8
1y Jesús se fue al monte de los Olivos. 2Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 3Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, 4le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 5Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 6Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 7Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. 8E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 9Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Jesús, la luz del mundo
12Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. 13Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. 14Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. 15Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. 16Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. 17Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. 18Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí. 19Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais. 20Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 21 DE Mayo 1 Crónicas 3, 4, 5
Capítulo 3
3.1 Para más información acerca de Abigaíl, la esposa de David, véase 1 Samuel 25. Su perfil se encuentra en 1 Samuel 26.
3.2 La historia de Absalón, el hijo de David, se encuentran en 2 Samuel 13–18. Su perfil se encuentra en 2 Samuel 15.
3.5 La historia de Betsabé se encuentra en 2 Samuel 11; 12; 1 Reyes 1. Su perfil está en 1 Reyes 1. La historia de su hijo Salomón, quien llegó a ser el tercer rey de Israel, se encuentra en 1 Reyes 1–11 y 2 Crónicas 1–9. El perfil de Salomón se encuentra en 1 Reyes 4.
3.9 La trágica historia de Tamar, hija de David, se encuentra en 2 Samuel 13, 14.
3.10–14 Muchos de los descendientes del rey Salomón gobernaron la nación de Judá. Para más información acerca de la historia y el perfil de Roboam véase 2 Crónicas 10–12. Para más información acerca de la historia y el perfil de Josafat véase 2 Crónicas 17–20. La historia y el perfil de Asarías (Uzías) se encuentran en 2 Crónicas 26. La historia y el perfil de Ezequías están en 2 Reyes 18–20. Para la historia de Josías véase 2 Reyes 22, 23. Su perfil está en 2 Reyes 24.
3.15 La historia de Joacím se encuentra en Jeremías 22–28; 35; 36. La historia de Sedequías se encuentra en Jeremías 21–39.
3.19,20 Zorobabel fue el líder del primer grupo de cautivos que regresaron de Babilonia. Su historia y su perfil se encuentran en el libro de Esdras.
Capítulo 4
4.9, 10 Jabes es recordado por un pedido de oración, más que por un acto heroico. En su oración, pidió a Dios (1) que lo bendijera, (2) que lo ayudara en su trabajo («ensancharas mi territorio»), (3) que estuviera con Él en todo lo que hiciera y (4) que lo guardara del mal y del daño. Jabes reconoció a Dios como el verdadero centro de su trabajo. Cuando oramos por la bendición de Dios, también debemos pedir que Él tome su posición legítima como Señor sobre nuestro trabajo, nuestro tiempo en familia y nuestra recreación. Obedecerle en las responsabilidades diarias es heroico.
10 Jabes oró específicamente para ser protegido del mal y del daño. Vivimos en un mundo caído donde abunda el pecado, y es importante pedirle a Dios que nos mantenga a salvo del inevitable mal que sale a nuestro encuentro. Pero también debemos evitar los malos motivos, deseos y acciones que se originan dentro de nosotros. Por lo tanto, debemos buscar no sólo la protección de Dios contra el mal, sino debemos pedirle que guarde nuestros pensamientos y acciones. Podemos comenzar a utilizar su protección al llenar nuestras mentes con pensamientos y actitudes positivos.
4.13 Otoniel fue el primer juez de Israel. Reformó la nación y trajo paz a la tierra. Su historia se encuentra en Jueces 1.9–15 y 3.5–14.
4.15 Caleb fue uno de los doce espías enviados por Moisés a la tierra prometida. Sólo él y Josué regresaron con un informe positivo, creyendo en la promesa de Dios de que ayudaría a los israelitas a conquistar la tierra. La historia de Caleb se narra en Números 13, 14 y Josué 14, 15. Su perfil se encuentra en Números 15.
Capítulo 5
5.1 El pecado de incesto de Rubén fue registrado para que todas las futuras generaciones lo leyeran. El propósito de este epitafio, sin embargo, no fue difamar el nombre de Rubén, sino mostrar que los recuerdos dolorosos no son los únicos resultados del pecado. Las verdaderas consecuencias del pecado son vidas arruinadas. Como hijo mayor, Rubén era el heredero legítimo tanto de una doble porción de la fortuna de su padre como del liderazgo de los descendientes de Abraham, que ya eran una gran tribu. Pero su pecado lo despojó de sus derechos y privilegios y arruinó a su familia. Antes de rendirse ante la tentación eche un vistazo cuidadoso a las consecuencias desastrosas que el pecado puede tener en su vida y en la de los demás.
5.2 Este príncipe de la tribu de Judá se refiere tanto a David como a su línea real, y a Jesús el Mesías, el más grande de los descendientes de David.
5.18–22 Los ejércitos de Rubén, Gad y Manasés tuvieron éxito en la batalla porque confiaron en Dios. A pesar de que como soldados tenían el instinto y las habilidades necesarias, oraron y buscaron la dirección de Dios. Las habilidades naturales y desarrolladas que Dios nos da, deben ser usadas para Él, pero nunca deben reemplazar nuestra dependencia de Dios. Cuando confiamos en nuestra propia inteligencia, habilidad y fuerza en vez de confiar en Dios, abrimos la puerta al orgullo. Cuando se encuentre ante situaciones difíciles, busque el propósito de Dios y pida su dirección y fortaleza. El Salmo 20.7 dice: «Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria».
5.22 El cautiverio mencionado aquí se refiere al exilio de las diez tribus del norte (Israel) a Asiria en 722 a.C. Estas tribus nunca regresaron a su tierra natal. Esta historia se encuentra en 2 Reyes 15.29–17.41.
5.24,25 Como guerreros y líderes, estos hombres habían establecido reputaciones excelentes de su gran habilidad y sus cualidades de liderazgo. Pero ante los ojos de Dios fracasaron en la cualidad más importante: ser fieles a Dios. Si usted trata de medirse con los modelos de la sociedad para la fama y el éxito, estará descuidando su verdadero propósito: agradar y obedecer a Dios. En última instancia, únicamente Él examina nuestros corazones y determina nuestra posición final.
COMENTARIO LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 21 DE Mayo. Juan 8: 1 - 20
Capítulo 8
8.3–6 Los líderes judíos menospreciaron la Ley al arrestar solo a la mujer. La Ley exigía que se apedrearan ambas personas involucradas en el adulterio (Levítico 20.10; Deuteronomio 22.22). Los líderes usaron a la mujer como una trampa para hacer caer a Jesús. Si decía que no debía apedrearse a la mujer, lo acusarían de violar la Ley de Moisés. Si los instaba a ejecutarla, lo acusarían frente a los romanos, que no permitían a los judíos llevar a cabo sus propias ejecuciones (18.31).
8.7 Esta es una declaración significativa en lo que respecta a juzgar a otros. Como Jesús ratificó el castigo aplicable al adulterio, no fue posible acusarlo de estar en contra de la Ley. Pero al decir que solo quien estuviese libre de pecado podía arrojar la primera piedra, destacó la importancia de la compasión y el perdón. Cuando se descubre a otros en pecado, ¿es usted rápido para emitir un juicio? Hacerlo equivale a actuar como si nunca hubiese pecado. Es Dios el que debe juzgar, no nosotros. A nosotros nos toca mostrar perdón y compasión.
8.8 No queda claro si Jesús al escribir en tierra sencillamente hacía caso omiso de los acusadores o si hacía una lista de los pecados o escribía los Diez Mandamientos.
8.9 Cuando Jesús dijo que solo quien no hubiera pecado podía arrojar la primera piedra, los líderes se alejaron en silencio, desde los más viejos hasta los más jóvenes. Era evidente que los hombres más adultos tenían mayor conciencia de sus pecados que los más jóvenes. La edad y la experiencia a menudo moderan la actitud de creerse muy justo típica de la juventud. Pero sea cual fuere su edad, eche una sincera mirada a su vida. Reconozca su naturaleza pecaminosa y busque maneras de ayudar a otros en lugar de lastimarlos.
8.11 Jesús no condenó a la mujer acusada de adulterio, pero tampoco pasó por alto su pecado. Le dijo que abandonase su vida de pecado. Jesús está dispuesto a perdonar cualquier pecado que haya en su vida, pero la confesión y el arrepentimiento implican un cambio de corazón. Con la ayuda de Dios podemos aceptar el perdón de Cristo y poner fin a nuestras malas obras.
8.12 Jesús hablaba en el lugar del templo donde se ponían las ofrendas (8.20), donde se encendían lámparas que simbolizaban la columna de fuego que guió al pueblo de Israel por el desierto (Éxodo 13.21, 22). En este contexto, Jesús dijo ser la luz del mundo. La columna de fuego representaba la presencia, la protección y la dirección de Dios. Jesús trae la presencia, la protección y la guía de Dios. ¿Es Él la luz de su mundo?
8.12 ¿Qué significa seguir a Cristo? Así como un soldado sigue a su capitán, nosotros debemos seguir a Cristo, nuestro Capitán. Como un esclavo sigue a su amo, nosotros debemos seguir a Cristo, nuestro Señor. De la misma manera que seguimos la sugerencia de un consejero de confianza, debemos seguir los mandatos que nos da Jesús en las Escrituras. Del mismo modo que obedecemos las leyes de nuestra nación, debemos obedecer las leyes del reino de los cielos.
8.13,14 Los fariseos pensaban que Jesús era un lunático o un mentiroso. Jesús les ofreció una tercera alternativa: que les decía la verdad. Como la mayoría de los fariseos se negó a considerar la tercera alternativa, nunca lo reconocieron como Mesías y Señor. Si usted busca saber quién es Jesús, no cierre ninguna puerta antes de mirar sinceramente lo que hay detrás de ella. Únicamente con una mente abierta podrá conocer la verdad de que Él es Mesías y Señor.
8.13–18 Los fariseos argumentaban que lo que declaraba Jesús no tenía validez legal porque no contaba con otros testigos. Jesús respondió que el testigo que lo confirmaba era Dios mismo. Jesús y el Padre sumaban dos testigos, el número requerido por la Ley (Deuteronomio 19.15).
8.20 El tesoro del templo se ubicaba en el atrio de las mujeres. Allí se colocaban trece arcas o urnas para recibir el dinero de las ofrendas. Siete de ellas eran para el impuesto del templo; las otras seis eran para ofrendas voluntarias. En otra ocasión, una viuda colocó su dinero en una de estas arcas y Jesús enseñó una profunda lección a partir de esa acción (Lucas 21.1–4). Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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