LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 26 DE Mayo 1 Crónicas 17,18,19
Pacto de Dios con David
(2 S. 7.1–29)
17
1Aconteció que morando David en su casa, dijo David al profeta Natán: He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas. 2Y Natán dijo a David: Haz todo lo que está en tu corazón, porque Dios está contigo.
3En aquella misma noche vino palabra de Dios a Natán, diciendo: 4Ve y di a David mi siervo: Así ha dicho Jehová: Tú no me edificarás casa en que habite. 5Porque no he habitado en casa alguna desde el día que saqué a los hijos de Israel hasta hoy; antes estuve de tienda en tienda, y de tabernáculo en tabernáculo. 6Por dondequiera que anduve con todo Israel, ¿hablé una palabra a alguno de los jueces de Israel, a los cuales mandé que apacentasen a mi pueblo, para decirles: ¿Por qué no me edificáis una casa de cedro? 7Por tanto, ahora dirás a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo Israel; 8y he estado contigo en todo cuanto has andado, y he cortado a todos tus enemigos de delante de ti, y te haré gran nombre, como el nombre de los grandes en la tierra. 9Asimismo he dispuesto lugar para mi pueblo Israel, y lo he plantado para que habite en él y no sea más removido; ni los hijos de iniquidad lo consumirán más, como antes, 10y desde el tiempo que puse los jueces sobre mi pueblo Israel; mas humillaré a todos tus enemigos. Te hago saber, además, que Jehová te edificará casa. 11Y cuando tus días sean cumplidos para irte con tus padres, levantaré descendencia después de ti, a uno de entre tus hijos, y afirmaré su reino. 12El me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente. 13Yo le seré por padre, y él me será por hijo; y no quitaré de él mi misericordia, como la quité de aquel que fue antes de ti; 14sino que lo confirmaré en mi casa y en mi reino eternamente, y su trono será firme para siempre. 15Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.
16Y entró el rey David y estuvo delante de Jehová, y dijo: Jehová Dios, ¿quién soy yo, y cuál es mi casa, para que me hayas traído hasta este lugar? 17Y aun esto, oh Dios, te ha parecido poco, pues que has hablado de la casa de tu siervo para tiempo más lejano, y me has mirado como a un hombre excelente, oh Jehová Dios. 18¿Qué más puede añadir David pidiendo de ti para glorificar a tu siervo? Mas tú conoces a tu siervo. 19Oh Jehová, por amor de tu siervo y según tu corazón, has hecho toda esta grandeza, para hacer notorias todas tus grandezas. 20Jehová, no hay semejante a ti, ni hay Dios sino tú, según todas las cosas que hemos oído con nuestros oídos. 21¿Y qué pueblo hay en la tierra como tu pueblo Israel, cuyo Dios fuese y se redimiese un pueblo, para hacerte nombre con grandezas y maravillas, echando a las naciones de delante de tu pueblo, que tú rescataste de Egipto? 22Tú has constituido a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, Jehová, has venido a ser su Dios. 23Ahora pues, Jehová, la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, sea firme para siempre, y haz como has dicho. 24Permanezca, pues, y sea engrandecido tu nombre para siempre, a fin de que se diga: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, es Dios para Israel. Y sea la casa de tu siervo David firme delante de ti. 25Porque tú, Dios mío, revelaste al oído a tu siervo que le has de edificar casa; por eso ha hallado tu siervo motivo para orar delante de ti. 26Ahora pues, Jehová, tú eres el Dios que has hablado de tu siervo este bien; 27y ahora has querido bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti; porque tú, Jehová, la has bendecido, y será bendita para siempre.
David extiende sus dominios
(2 S. 8.1–14)
18
1Después de estas cosas aconteció que David derrotó a los filisteos, y los humilló, y tomó a Gat y sus villas de mano de los filisteos.
2También derrotó a Moab, y los moabitas fueron siervos de David, trayéndole presentes.
3Asimismo derrotó David a Hadad-ezer rey de Soba, en Hamat, yendo éste a asegurar su dominio junto al río Eufrates. 4Y le tomó David mil carros, siete mil de a caballo, y veinte mil hombres de a pie; y desjarretó David los caballos de todos los carros, excepto los de cien carros que dejó. 5Y viniendo los sirios de Damasco en ayuda de Hadad-ezer rey de Soba, David hirió de ellos veintidós mil hombres. 6Y puso David guarnición en Siria de Damasco, y los sirios fueron hechos siervos de David, trayéndole presentes; porque Jehová daba la victoria a David dondequiera que iba. 7Tomó también David los escudos de oro que llevaban los siervos de Hadad-ezer, y los trajo a Jerusalén. 8Asimismo de Tibhat y de Cun, ciudades de Hadad-ezer, tomó David muchísimo bronce, con el que Salomón hizo el mar de bronce, las columnas, y utensilios de bronce.
9Y oyendo Toi rey de Hamat que David había deshecho todo el ejército de Hadad-ezer rey de Soba, 10envió a Adoram su hijo al rey David, para saludarle y bendecirle por haber peleado con Hadad-ezer y haberle vencido; porque Toi tenía guerra contra Hadad-ezer. Le envió también toda clase de utensilios de oro, de plata y de bronce; 11los cuales el rey David dedicó a Jehová, con la plata y el oro que había tomado de todas las naciones de Edom, de Moab, de los hijos de Amón, de los filisteos y de Amalec.
12Además de esto, Abisai hijo de Sarvia destrozó en el valle de la Sal a dieciocho mil edomitas. 13Y puso guarnición en Edom, y todos los edomitas fueron siervos de David; porque Jehová daba el triunfo a David dondequiera que iba.
Oficiales de David
(2 S. 8.15–18; 20.23–26)
14Reinó David sobre todo Israel, y juzgaba con justicia a todo su pueblo. 15Y Joab hijo de Sarvia era general del ejército, y Josafat hijo de Ahilud, canciller. 16Sadoc hijo de Ahitob y Abimelec hijo de Abiatar eran sacerdotes, y Savsa, secretario. 17Y Benaía hijo de Joiada estaba sobre los cereteos y peleteos; y los hijos de David eran los príncipes cerca del rey.
Derrotas de amonitas y sirios
(2 S. 10.1–19)
19
1Después de estas cosas aconteció que murió Nahas rey de los hijos de Amón, y reinó en su lugar su hijo. 2Y dijo David: Manifestaré misericordia con Hanún hijo de Nahas, porque también su padre me mostró misericordia. Así David envió embajadores que lo consolasen de la muerte de su padre. Pero cuando llegaron los siervos de David a la tierra de los hijos de Amón a Hanún, para consolarle, 3los príncipes de los hijos de Amón dijeron a Hanún: ¿A tu parecer honra David a tu padre, que te ha enviado consoladores? ¿No vienen más bien sus siervos a ti para espiar, e inquirir, y reconocer la tierra? 4Entonces Hanún tomó los siervos de David y los rapó, y les cortó los vestidos por la mitad, hasta las nalgas, y los despachó. 5Se fueron luego, y cuando llegó a David la noticia sobre aquellos varones, él envió a recibirlos, porque estaban muy afrentados. El rey mandó que les dijeran: Estaos en Jericó hasta que os crezca la barba, y entonces volveréis.
6Y viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, Hanún y los hijos de Amón enviaron mil talentos de plata para tomar a sueldo carros y gente de a caballo de Mesopotamia, de Siria, de Maaca y de Soba. 7Y tomaron a sueldo treinta y dos mil carros, y al rey de Maaca y a su ejército, los cuales vinieron y acamparon delante de Medeba. Y se juntaron también los hijos de Amón de sus ciudades, y vinieron a la guerra. 8Oyéndolo David, envió a Joab con todo el ejército de los hombres valientes. 9Y los hijos de Amón salieron, y ordenaron la batalla a la entrada de la ciudad; y los reyes que habían venido estaban aparte en el campo.
10Y viendo Joab que el ataque contra él había sido dispuesto por el frente y por la retaguardia, escogió de los más aventajados que había en Israel, y con ellos ordenó su ejército contra los sirios. 11Puso luego el resto de la gente en mano de Abisai su hermano, y los ordenó en batalla contra los amonitas. 12Y dijo: Si los sirios fueren más fuertes que yo, tú me ayudarás; y si los amonitas fueren más fuertes que tú, yo te ayudaré. 13Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le parezca. 14Entonces se acercó Joab y el pueblo que tenía consigo, para pelear contra los sirios; mas ellos huyeron delante de él. 15Y los hijos de Amón, viendo que los sirios habían huido, huyeron también ellos delante de Abisai su hermano, y entraron en la ciudad. Entonces Joab volvió a Jerusalén.
16Viendo los sirios que habían caído delante de Israel, enviaron embajadores, y trajeron a los sirios que estaban al otro lado del Eufrates, cuyo capitán era Sofac, general del ejército de Hadad-ezer. 17Luego que fue dado aviso a David, reunió a todo Israel, y cruzando el Jordán vino a ellos, y ordenó batalla contra ellos. Y cuando David hubo ordenado su tropa contra ellos, pelearon contra él los sirios. 18Mas el pueblo sirio huyó delante de Israel; y mató David de los sirios a siete mil hombres de los carros, y cuarenta mil hombres de a pie; asimismo mató a Sofac general del ejército. 19Y viendo los siervos de Hadad-ezer que habían caído delante de Israel, concertaron paz con David, y fueron sus siervos; y el pueblo sirio nunca más quiso ayudar a los hijos de Amón. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 26 DE Mayo, Juan 10: 1 - 21
Parábola del redil
10
1De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. 2Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. 3A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. 4Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. 6Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
Jesús, el buen pastor
7Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. 9Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 10El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. 11Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. 12Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. 13Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. 14Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 15así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 16También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. 17Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
19Volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras. 20Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís? 21Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos? Amen. Rv
COMENTARIO DEL A.T. 1 CRONICAS 17, 18, 19.
1 Crónicas 17
17.1 David se sintió culpable de que el arca, el símbolo de la presencia de Dios, estuviera en una tienda mientras que él vivía en un hermoso palacio. El deseo de David era bueno, pero el momento no. Dios dijo a David que no construyera un templo (17.3, 4) y David estuvo dispuesto a vivir de acuerdo con el tiempo de Dios. Si usted vive con lujo mientras que la obra, la casa o los siervos de Dios, tienen carencias, quizá Dios quiera que cambie la situación. Al igual que David, tome medidas para corregir el desequilibrio, pero esté dispuesto a ajustarse al tiempo de Dios.
17.3-14 Dios no quería que un guerrero construyera su templo (28.3; 1Ki 5:3), y David había derramado demasiada sangre al unificar la nación. Así que el honor de construir el templo pasaría a Salomón, hijo de David. David entregaría a Salomón un reino unido y en paz, listo para comenzar la obra de un hermoso templo.
17.10 Dios prometió someter a los enemigos de David. Los capítulos 18-20 relatan cómo Dios cumplió esa promesa.
17.12-14 ¿Por qué, después de esta promesa eterna, a la larga fueron llevados los israelitas de la tierra prometida al cautiverio? La promesa a David constaba de dos partes. La primera parte era condicional: mientras los descendientes de David siguieran a Dios y lo honraran, continuarían en el trono de Israel. La segunda parte era incondicional: un hijo de David ocuparía este trono para siempre. Este fue Jesús el Mesías. La primera parte de la promesa estaba basada en la obediencia fiel de los descendientes de David. La segunda parte se cumpliría sin importar la forma en la que actuaran los descendientes de David. 17.16-20 Dios le dijo a David que a Salomón se le daría el honor de construir el templo. David respondió con profunda humildad y sin resentimiento. Este rey que había conquistado a sus enemigos y que era amado por su pueblo dijo: "¿Quién soy yo[...] para que me hayas traído hasta este lugar?" David reconoció que Dios era el verdadero Rey. Dios ha hecho lo mismo por nosotros, y planea hacer ¡aun más! Al igual que David, debemos humillarnos y dar la gloria a Dios, diciendo: "No hay semejante a ti, ni hay Dios sino tú". ¿Puede responder con tal humildad cuando Dios elige a otro para implementar las ideas de usted?
17.16-27 David oró al humillarse (17.16-18), alabó a Dios (17.19, 20), reconoció las bendiciones de Dios (17.21, 22), y aceptó las decisiones, promesas y mandatos de El (17.23, 24). Muchas veces somos rápidos para hacerle requerimientos a Dios y para contarle nuestros problemas, pero de esta otra faceta de la oración puede depender nuestra vida espiritual. Tome tiempo para alabar a Dios, para contar sus bendiciones y para afirmar su pacto de hacer lo que El le ha dicho.
17.21 La referencia de David acerca del éxodo de Israel de Egipto habría tenido un significado especial para los lectores originales de 1 Crónicas quienes comenzaban o ya habían completado el segundo gran éxodo y regresaban de su cautiverio en Babilonia a Israel. Recordar las promesas, la misericordia y protección de Dios durante el primer éxodo habría alentado a los cautivos a regresar una vez más a Israel, como lo había prometido Dios.
1 Crónicas 18
18.2 En 2Sa 8:1-2, se registra que David mató dos tercios de los pobladores de Moab. Rut, su antepasada, era originalmente de la tierra de Moab.
18.6, 14 David fue un gobernante victorioso y justo. Vemos en el éxito resplandeciente de David un indicio de lo que será el reino de Cristo: una victoria completa y un gobierno justo. Si la gloria de David fue grande cuánto más grande será la gloria de Cristo. Nuestra confianza es que se nos podrá relacionar legítimamente con Jesucristo por medio de la fe. Un día disfrutaremos su gloria cuando reinemos con El.
18.9-11 Cuando David recibió los regalos del rey Toi, los dedicó a Dios, reconociendo de que todo provenía de El y tenía que ser usado para El. Es fácil pensar que nuestras bendiciones materiales y financieras son sólo el resultado de nuestras propias habilidades y del duro trabajo que realizamos, en lugar de ver que provienen de un Dios amoroso (Jam 1:17). ¿Qué le ha dado Dios a usted? Dedique todos sus "talentos" y recursos a El y úselos para su gloria. El lo guiará en el método que deberá usar. El primer paso es estar dispuesto.
18.13 Todas las batallas de este capítulo muestran cómo Dios dio a David victoria tras victoria. Los no creyentes piensan que la victoria viene de sus propias habilidades más un poco de suerte. Al igual que David reconoció el papel de Dios en sus éxitos, también nosotros tenemos que hacerlo. No se atribuya el mérito de lo que Dios hace.
18.17 Los cereteos y peleteos eran probablemente un grupo de soldados extranjeros que se habían unido a David durante su huida de Saúl. Permanecieron leales a David a lo largo de su reinado (2Sa 15:17-18) y llegaron a ser parte de su guardia personal.
1 Crónicas 19
19.1 La tierra de Amón estaba en la frontera oriental de Israel. Esta nación tuvo un comienzo sórdido: su antepasado fundador Ben-ammi, fue concebido por medio del incesto de Lot y su hija (Gen 19:30-38). Los amonitas, que eran enemigos constantes de Israel, alcanzaron su más grande fortaleza en los días de los jueces. David fue el primer líder militar de Israel que los oprimió. No fueron capaces de causar problemas posteriores durante muchos años.
19.2, 3 Hanún interpretó mal las intenciones de David. Debido a que exageró sus sospechas, trajo desastre sobre sí mismo. Es posible que experiencias pasadas nos vuelvan desconfiados hacia los demás, haciéndonos cuestionar cada movimiento y suponer segundas intenciones en sus motivaciones. Sin embargo, si bien debemos ser cautelosos y sabios cuando tratamos con otros, no debemos imaginar que cada acción es malintencionada.
19.4, 5 Los judíos siempre llevaban barbas. El ser afeitados por la fuerza era demasiado embarazoso, pero a estos hombres también se les dejó medio desnudos. Las acciones de Hanún humillaron a estos hombres e insultaron a Israel.
19.6 En lugar de admitir su error y buscar perdón y reconciliación, Hanún gastó una gran suma de dinero para cubrir su falta. Pagó un alto precio por esta acción (23.1-4). A menudo nos cuesta más cubrir un error que admitirlo con sinceridad. En lugar de agravar un error poniéndose a la defensiva, busque el perdón y la reconciliación tan pronto como se dé cuenta de él. Se ahorrará, a sí mismo y a los demás, mucho sufrimiento y problemas.
COMENTARIO EN EL N.T.Juan 10: 1 – 21.
Juan 10
10.1 De noche, a menudo se juntaban las ovejas dentro de un redil para protegerlas de ladrones, del tiempo o de animales salvajes. Los rediles eran cuevas, apriscos o áreas abiertas rodeadas de paredes construidas de piedras o ramas. Por lo general, el pastor dormía dentro del redil para proteger las ovejas. Del mismo modo que un pastor cuida de sus ovejas, Jesús, el Buen Pastor, cuida de su rebaño (quienes lo siguen). El profeta Ezequiel, al predecir la venida del Mesías, lo llamó pastor (Eze 34:23).
10.7 En el redil, el pastor cumplía la función de puerta, permitiendo la entrada a las ovejas y protegiéndolas. Jesús es nuestra puerta a la salvación de Dios. Ofrece el acceso a la protección y a la seguridad. Cristo es nuestro protector. Algunas personas toman a mal que Jesús sea la puerta, el único camino de acceso a Dios. Pero Jesús es el Hijo de Dios. ¿Por qué habríamos de buscar otro camino o por qué querríamos una forma de abordar a Dios hecha a medida? (Véanse también las notas a 14.6.)
10.10 En contraste con el ladrón que viene para arrebatar la vida, Jesús da vida. La vida que El da ahora es abundantemente más rica y plena. Es eterna y, sin embargo, comienza de inmediato. La vida en Cristo se disfruta en un plano más elevado debido a su sobreabundante perdón, amor y dirección. ¿Ha aceptado la vida que le ofrece Cristo?
10.11, 12 El asalariado cuida las ovejas por dinero, mientras que el pastor lo hace por amor. El pastor es el dueño de las ovejas y se dedica a ellas. Jesús no solo lleva a cabo una tarea, sino que está dedicado a amarnos e incluso a dar su vida por nosotros. Los falsos maestros y profetas no tienen esta dedicación.
MINISTERIO AL OTRO LADO DEL JORDAN:
Jesús estuvo en Jerusalén para la Fiesta de los Tabernáculos (7.2); luego predicó en varias aldeas, tal vez en Judea, antes de volver a Jerusalén para la Fiesta de la Dedicación. De nuevo provoca el enojo de los líderes religiosos, quienes trataron de arrestarlo, pero El sale de la ciudad y va al otro lado del Jordán para predicar.
10.16 Las "otras ovejas" eran los gentiles. Jesús vino para salvar a gentiles y judíos por igual. Esta es una revelación de su misión mundial: morir por los pecados del mundo. La gente tiende a querer limitar las bendiciones de Dios a su grupo, pero Jesús no acepta que lo limiten las barreras que erigimos.
10.17, 18 La muerte y resurrección de Cristo, como parte del plan de Dios para la salvación del mundo, estaban totalmente bajo el control de Dios. Nadie podía matar a Jesús sin su consentimiento.
10.19, 20 Si Jesús solo hubiese sido un hombre, sus declaraciones de que era Dios habrían probado su locura. Pero sus milagros demostraron que sus palabras eran ciertas: El verdaderamente era Dios. Los líderes judíos no veían más allá de sus propios prejuicios y miraban a Jesús únicamente desde una perspectiva humana: Jesús confinado a un cuerpo humano. Pero a Jesús no lo puede limitar esta visión restringida. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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