Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 21 DE Abril. 2 Samuel 1, 2, 3

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL

 David oye de la muerte de Saúl

1

1Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en Siclag. 2Al tercer día, sucedió que vino uno del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra e hizo reverencia. 3Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Me he escapado del campamento de Israel. 4David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán su hijo murieron. 5Dijo David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto Saúl y Jonatán su hijo? 6El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo. 7Y mirando él hacia atrás, me vio y me llamó; y yo dije: Heme aquí. 8Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy amalecita. 9El me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre mí y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida está aún toda en mí. 10Yo entonces me puse sobre él y le maté, porque sabía que no podía vivir después de su caída; y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la argolla que traía en su brazo, y las he traído acá a mi señor.

11Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. 12Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada. 13Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita. 14Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? 15Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió. 16Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.

 David endecha a Saúl y a Jonatán

17Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, 18y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser.

19 ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas!

¡Cómo han caído los valientes!

20 No lo anunciéis en Gat,

Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón;

Para que no se alegren las hijas de los filisteos,

Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.

21 Montes de Gilboa,

Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas;

Porque allí fue desechado el escudo de los valientes,

El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.

22 Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes,

El arco de Jonatán no volvía atrás,

Ni la espada de Saúl volvió vacía.

23 Saúl y Jonatán, amados y queridos;

Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados;

Más ligeros eran que águilas,

Más fuertes que leones.

24 Hijas de Israel, llorad por Saúl,

Quien os vestía de escarlata con deleites,

Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.

25 ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla!

¡Jonatán, muerto en tus alturas!

26 Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,

Que me fuiste muy dulce.

Más maravilloso me fue tu amor

Que el amor de las mujeres.

27 ¡Cómo han caído los valientes,

Han perecido las armas de guerra!

 David es proclamado rey de Judá

2

1Después de esto aconteció que David consultó a Jehová, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le respondió: Sube. David volvió a decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón. 2David subió allá, y con él sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal el de Carmel. 3Llevó también David consigo a los hombres que con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las ciudades de Hebrón. 4Y vinieron los varones de Judá y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá.

Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl. 5Entonces envió David mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor, con Saúl, dándole sepultura. 6Ahora, pues, Jehová haga con vosotros misericordia y verdad; y yo también os haré bien por esto que habéis hecho. 7Esfuércense, pues, ahora vuestras manos, y sed valientes; pues muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos.

 Guerra entre David y la casa de Saúl

8Pero Abner hijo de Ner, general del ejército de Saúl, tomó a Is-boset hijo de Saúl, y lo llevó a Mahanaim, 9y lo hizo rey sobre Galaad, sobre Gesuri, sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín y sobre todo Israel. 10De cuarenta años era Is-boset hijo de Saúl cuando comenzó a reinar sobre Israel, y reinó dos años. Solamente los de la casa de Judá siguieron a David. 11Y fue el número de los días que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete años y seis meses.

12Abner hijo de Ner salió de Mahanaim a Gabaón con los siervos de Is-boset hijo de Saúl, 13y Joab hijo de Sarvia y los siervos de David salieron y los encontraron junto al estanque de Gabaón; y se pararon los unos a un lado del estanque, y los otros al otro lado. 14Y dijo Abner a Joab: Levántense ahora los jóvenes, y maniobren delante de nosotros. Y Joab respondió: Levántense. 15Entonces se levantaron, y pasaron en número igual, doce de Benjamín por parte de Is-boset hijo de Saúl, y doce de los siervos de David. 16Y cada uno echó mano de la cabeza de su adversario, y metió su espada en el costado de su adversario, y cayeron a una; por lo que fue llamado aquel lugar, Helcat-hazurim, el cual está en Gabaón. 17La batalla fue muy reñida aquel día, y Abner y los hombres de Israel fueron vencidos por los siervos de David. 18Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisai y Asael. Este Asael era ligero de pies como una gacela del campo.

19Y siguió Asael tras de Abner, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda. 20Y miró atrás Abner, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respondió: Sí. 21Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la izquierda, y echa mano de alguno de los hombres, y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él. 22Y Abner volvió a decir a Asael: Apártate de en pos de mí; ¿por qué he de herirte hasta derribarte? ¿Cómo levantaría yo entonces mi rostro delante de Joab tu hermano? 23Y no queriendo él irse, lo hirió Abner con el regatón de la lanza por la quinta costilla, y le salió la lanza por la espalda, y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se detenían.

24Mas Joab y Abisai siguieron a Abner; y se puso el sol cuando llegaron al collado de Amma, que está delante de Gía, junto al camino del desierto de Gabaón. 25Y se juntaron los hijos de Benjamín en pos de Abner, formando un solo ejército; e hicieron alto en la cumbre del collado. 26Y Abner dio voces a Joab, diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿No sabes tú que el final será amargura? ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos? 27Y Joab respondió: Vive Dios, que si no hubieses hablado, el pueblo hubiera dejado de seguir a sus hermanos desde esta mañana. 28Entonces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no persiguió más a los de Israel, ni peleó más.

29Y Abner y los suyos caminaron por el Arabá toda aquella noche, y pasando el Jordán cruzaron por todo Bitrón y llegaron a Mahanaim. 30Joab también volvió de perseguir a Abner, y juntando a todo el pueblo, faltaron de los siervos de David diecinueve hombres y Asael. 31Mas los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los de Abner, a trescientos sesenta hombres, los cuales murieron. 32Tomaron luego a Asael, y lo sepultaron en el sepulcro de su padre en Belén. Y caminaron toda aquella noche Joab y sus hombres, y les amaneció en Hebrón.

3

1Hubo larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando.

 Hijos de David nacidos en Hebrón

(1 Cr. 3.1–4)

2Y nacieron hijos a David en Hebrón; su primogénito fue Amnón, de Ahinoam jezreelita; 3su segundo Quileab, de Abigail la mujer de Nabal el de Carmel; el tercero, Absalón hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur; 4el cuarto, Adonías hijo de Haguit; el quinto, Sefatías hijo de Abital; 5el sexto, Itream, de Egla mujer de David. Estos le nacieron a David en Hebrón.

 Abner pacta con David en Hebrón

6Como había guerra entre la casa de Saúl y la de David, aconteció que Abner se esforzaba por la casa de Saúl. 7Y había tenido Saúl una concubina que se llamaba Rizpa, hija de Aja; y dijo Is-boset a Abner: ¿Por qué te has llegado a la concubina de mi padre? 8Y se enojó Abner en gran manera por las palabras de Is-boset, y dijo: ¿Soy yo cabeza de perro que pertenezca a Judá? Yo he hecho hoy misericordia con la casa de Saúl tu padre, con sus hermanos y con sus amigos, y no te he entregado en mano de David; ¿y tú me haces hoy cargo del pecado de esta mujer? 9Así haga Dios a Abner y aun le añada, si como ha jurado Jehová a David, no haga yo así con él, 10trasladando el reino de la casa de Saúl, y confirmando el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Beerseba. 11Y él no pudo responder palabra a Abner, porque le temía.

12Entonces envió Abner mensajeros a David de su parte, diciendo: ¿De quién es la tierra? Y que le dijesen: Haz pacto conmigo, y he aquí que mi mano estará contigo para volver a ti todo Israel. 13Y David dijo: Bien; haré pacto contigo, mas una cosa te pido: No me vengas a ver sin que primero traigas a Mical la hija de Saúl, cuando vengas a verme. 14Después de esto envió David mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme mi mujer Mical, la cual desposé conmigo por cien prepucios de filisteos. 15Entonces Is-boset envió y se la quitó a su marido Paltiel hijo de Lais. 16Y su marido fue con ella, siguiéndola y llorando hasta Bahurim. Y le dijo Abner: Anda, vuélvete. Entonces él se volvió.

17Y habló Abner con los ancianos de Israel, diciendo: Hace ya tiempo procurabais que David fuese rey sobre vosotros. 18Ahora, pues, hacedlo; porque Jehová ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y de mano de todos sus enemigos. 19Habló también Abner a los de Benjamín; y fue también Abner a Hebrón a decir a David todo lo que parecía bien a los de Israel y a toda la casa de Benjamín.

20Vino, pues, Abner a David en Hebrón, y con él veinte hombres; y David hizo banquete a Abner y a los que con él habían venido. 21Y dijo Abner a David: Yo me levantaré e iré, y juntaré a mi señor el rey a todo Israel, para que hagan contigo pacto, y tú reines como lo desea tu corazón. David despidió luego a Abner, y él se fue en paz.

 Joab mata a Abner

22Y he aquí que los siervos de David y Joab venían del campo, y traían consigo gran botín. Mas Abner no estaba con David en Hebrón, pues ya lo había despedido, y él se había ido en paz. 23Y luego que llegó Joab y todo el ejército que con él estaba, fue dado aviso a Joab, diciendo: Abner hijo de Ner ha venido al rey, y él le ha despedido, y se fue en paz. 24Entonces Joab vino al rey, y le dijo: ¿Qué has hecho? He aquí Abner vino a ti; ¿por qué, pues, le dejaste que se fuese? 25Tú conoces a Abner hijo de Ner. No ha venido sino para engañarte, y para enterarse de tu salida y de tu entrada, y para saber todo lo que tú haces.

26Y saliendo Joab de la presencia de David, envió mensajeros tras Abner, los cuales le hicieron volver desde el pozo de Sira, sin que David lo supiera. 27Y cuando Abner volvió a Hebrón, Joab lo llevó aparte en medio de la puerta para hablar con él en secreto; y allí, en venganza de la muerte de Asael su hermano, le hirió por la quinta costilla, y murió. 28Cuando David supo después esto, dijo: Inocente soy yo y mi reino, delante de Jehová, para siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner. 29Caiga sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca falte de la casa de Joab quien padezca flujo, ni leproso, ni quien ande con báculo, ni quien muera a espada, ni quien tenga falta de pan. 30Joab, pues, y Abisai su hermano, mataron a Abner, porque él había dado muerte a Asael hermano de ellos en la batalla de Gabaón.

31Entonces dijo David a Joab, y a todo el pueblo que con él estaba: Rasgad vuestros vestidos, y ceñíos de cilicio, y haced duelo delante de Abner. Y el rey David iba detrás del féretro. 32Y sepultaron a Abner en Hebrón; y alzando el rey su voz, lloró junto al sepulcro de Abner; y lloró también todo el pueblo. 33Y endechando el rey al mismo Abner, decía:

¿Había de morir Abner como muere un villano?

34 Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos;

Caíste como los que caen delante de malos hombres.

Y todo el pueblo volvió a llorar sobre él. 35Entonces todo el pueblo vino para persuadir a David que comiera, antes que acabara el día. Mas David juró diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, si antes que se ponga el sol gustare yo pan, o cualquiera otra cosa. 36Todo el pueblo supo esto, y le agradó; pues todo lo que el rey hacía agradaba a todo el pueblo. 37Y todo el pueblo y todo Israel entendió aquel día, que no había procedido del rey el matar a Abner hijo de Ner. 38También dijo el rey a sus siervos: ¿No sabéis que un príncipe y grande ha caído hoy en Israel? 39Y yo soy débil hoy, aunque ungido rey; y estos hombres, los hijos de Sarvia, son muy duros para mí; Jehová dé el pago al que mal hace, conforme a su maldad. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 21 DE Abril. Lucas 18: 1 -  17

Parábola de la viuda y el juez injusto

18

1También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, 2diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. 3Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. 4Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, 5sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. 6Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. 7¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? 8Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

 Parábola del fariseo y el publicano

9A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

 Jesús bendice a los niños

(Mt. 19.13–15; Mr. 10.13–16)

15Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. 16Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 17De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 21 DE Abril. 2 Samuel 1, 2, 3

2 SAMUEL 

Capítulo 1

1.1 David fue un hombre que tenía una gran fe en Dios. Esperaba que Dios cumpliera sus promesas. El primer libro de Samuel nos relata las luchas de David mientras esperaba ser rey de Israel (Samuel lo había ungido como rey de Israel muchos años antes). El rey Saúl comenzó a sentir celos de David debido a que el pueblo le estaba prodigando grandes alabanzas por sus hazañas. A la larga, los celos de Saúl llegaron a ser tan intensos que intentó matarlo. Como consecuencia, David tuvo que huir y esconderse. Por muchos años, David se escondió de Saúl en territorio enemigo, y en el árido desierto que estaba al sureste de Jerusalén. Quizá David se preguntó si la promesa de Dios de ser rey alguna vez se haría realidad, pero sus luchas lo prepararon para las grandes responsabilidades a las que se enfrentaría más tarde. El segundo libro de Samuel nos habla de cómo David fue finalmente recompensado por su paciencia, y su firme fe en Dios.

1.1 Cuando Saúl murió, David y sus hombres todavía seguían viviendo en Siclag, una ciudad filistea. Ya que Saúl lo había expulsado de Israel, David fingió lealtad a Aquis, un gobernante filisteo (1 Samuel 27). Ahí se encontraba a salvo de Saúl.

1.11, 12 David y sus hombres estaban visiblemente conmocionados por la muerte de Saúl, «Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche». David y sus hombres estaban visiblemente conmocionados por la muerte de Saúl. Esto muestra su genuino dolor por la pérdida de su rey, de su amigo Jonatán y de los otros soldados de Israel que murieron ese día. No estaban avergonzados por sentir dolor. En la actualidad, algunos consideran que el expresar nuestras emociones es signo de debilidad. Aquellos que desean parecer fuertes tratan de ocultar su dolor. Pero el duelo nos puede ayudar a manejar la gran pena cuando un ser querido muere.

1.13 El hombre se identificó a sí mismo como amalecita del ejército de Saúl (1.2). Él bien pudo haber sido un amalecita bajo jurisdicción israelita, pero lo más probable era que se tratara de un recogedor que se alimentaba de la carroña del campo de batalla.

Es obvio que estaba mintiendo tanto acerca de su identidad como de lo que había ocurrido en el campo de batalla (compare su historia con la narración en 1 Samuel 31.3, 4). Debido a que traía consigo la corona de Saúl, algo que los filisteos no hubieran olvidado, podemos inferir que encontró muerto a Saúl en el campo de batalla antes de que llegaran los filisteos (1 Samuel 31.8).

Una vida de engaños lleva al desastre. El hombre mintió para obtener alguna recompensa personal por haber matado al rival de David, pero interpretó mal el carácter de David. Si este lo hubiera recompensado por matar al rey, hubiera sido también culpable. En lugar de recompensarlo, David mandó ejecutar al mensajero. Mentir puede traer desastre sobre el mentiroso, aun por algo que no haya cometido.

1.13 Los amalecitas eran una tribu nómada cruel que frecuentemente llevaban a cabo incursiones sorpresivas en los pueblos de Canaán. Habían sido enemigos de Israel desde los tiempos de Moisés. David acababa de destruir un grupo de soldados amalecitas que habían quemado la ciudad y secuestrado a sus mujeres y niños (1 Samuel 30.1–20). Probablemente este hombre no estaba consciente de las confrontaciones recientes que había tenido David con los amalecitas. Así provocó la ira de David al hacerse pasar por enemigo de Israel y al haber declarado que mató al rey elegido por Dios.

1.15, 16 ¿Por qué consideró David que había sido un crimen matar al rey, aun cuando Saúl era su enemigo? David creía que sólo Dios podría quitar de su puesto al que Él había ungido. Si asesinar al rey se convertía en algo común o usual, entonces toda la sociedad sería un caos. De esta manera, era cuestión de Dios, no suya, juzgar los pecados de Saúl (Levítico 19.18). Debemos darnos cuenta que Dios ha colocado a los gobernantes como autoridades sobre nosotros. Debemos respetar sus funciones (Romanos 13.1–5).

1.17, 18 David fue un músico talentoso. Tocaba el arpa (1 Samuel 16.23), incorporó la música a los servicios de adoración del templo (1 Crónicas 25), y escribió muchos de los salmos. Aquí se nos dice que escribió un poema en memoria del rey Saúl y de su hijo Jonatán, el mejor amigo de David. La música jugó un papel muy importante en la historia de Israel. (Para otras canciones famosas de la Biblia véase el cuadro en Éxodo 15.)

1.17-27 Saúl había causado muchos problemas a David, pero cuando murió, David compuso un poema para el rey y su hijo. David tenía muchas razones para odiar a Saúl, pero aun así prefirió no hacerlo. Decidió ver lo que había hecho de bueno Saúl y olvidar los momentos cuando este lo había atacado. Se necesita valor para dejar a un lado las heridas y el odio y mostrar respeto por otra persona, especialmente un enemigo.

1.26 Al expresar «Más maravilloso fue tu amor que el amor de las mujeres», David no estaba diciendo que tuvo una relación sexual con Jonatán. Los actos homosexuales quedaban absolutamente prohibidos en Israel. Levítico 18.22 se refiere a la homosexualidad como «abominación», y Levítico 20.13 decreta la pena de muerte para aquellos que practican la homosexualidad. David simplemente estaba diciendo de nuevo la profunda hermandad y la relación constante que tuvo con Jonatán. 

Capítulo 2

2.1 Aun cuando David sabía que él llegaría a ser rey (1 Samuel 16.13; 23.17; 24.20), y a pesar de que el momento parecía el adecuado (ahora que Saúl estaba muerto), aun así David preguntó a Dios si debía regresar a Judá, el territorio de su tribu natal. Antes de que avancemos a lo que nos parece obvio, primero lleve el asunto ante Dios, que es el único que conoce el mejor momento.

2.1 Dios dijo a David que regresara a Hebrón, donde pronto sería coronado rey de Judá. David hizo de Hebrón su capital porque: (1) era la ciudad más grande de Judá en ese tiempo, (2) era segura contra los ataques, (3) estaba localizada cerca del centro del territorio de Judá, y (4) muchas rutas principales de comercio convergían en Hebrón, haciendo de esta manera difícil el corte de las líneas de suministro.

2.4 La tribu de Judá coronó públicamente a David como su rey. Samuel había ungido rey a David muchos años antes (1 Samuel 16.13), pero la unción había sido llevada a cabo en privado. Esta coronación fue como una toma de posesión de un funcionario público que ya había sido elegido para ese puesto. Sin embargo, el resto de Israel, no aceptó el reinado de David durante siete años y medio (2.10, 11).

2.4–7 David envió un mensaje para agradecer a los hombres de Jabes de Galaad que habían arriesgado su vida para sepultar el cuerpo de Saúl (1 Samuel 31.11–13). Saúl había rescatado A Jabes de Galaad de cierta derrota cuando Nahas amonita había rodeado la ciudad (1 Samuel 11), de esta manera los ciudadanos demostraron su gratitud y generosidad. En su mensaje, sugirió además que siguieran el ejemplo de Judá y lo reconocieran como su rey. Jabes de Galaad se localizaba al norte de la tierra de Galaad, y David buscaba con esto obtener el apoyo de las diez tribus restantes que no lo habían reconocido todavía como rey.

2.10, 11 David gobernó Judá durante siete años y medio, mientras Is-boset reinó en Israel por solo dos años. La brecha de cinco años puede haberse dado debido a que Is-boset no tomó posesión del trono inmediatamente después de la muerte de Saúl. Como consecuencia del constante peligro que representaban los filisteos en la parte norte de Israel, pudieron haber pasado cinco años antes de que Is-boset comenzara a reinar. En el transcurso de ese tiempo, Abner, comandante de su ejército, probablemente jugó un papel principal en la división de los filisteos que dio origen a la confederación del norte. Sin tener en cuenta el inicio de su reinado, su dominio fue débil y limitado. Los filisteos aún dominaban el área e Is-boset fue intimidado por Abner (3.11).

2.12ss Con Israel dividido, hubo una tensión constante entre el norte y el sur. No obstante, el verdadero rival de David en el norte no fue Is-boset sino Abner. En este incidente, Abner sugirió un «peligroso torneo» entre los campeones de su ejército y los campeones del ejército de David, guiados por Joab. El hecho de que esta confrontación sucediera en el estanque de Gabaón (localizado en el territorio natal de Saúl, Benjamín) nos indica que los hombres de Joab estaban presionando por el norte, obteniendo más territorio. Abner pudo haber sugerido esta confrontación con la esperanza de detener el avance de Joab.

Se suponía que doce hombres de cada lado pelearían entre sí y el lado que presentara más sobrevivientes sería declarado vencedor. El enfrentamiento entre David y Goliat (1 Samuel 17) fue una estrategia militar similar, una manera de evitar un terrible derramamiento de sangre en una guerra sin cuartel. En este caso, sin embargo, la totalidad de los veinticuatro campeones murieron antes de que algún bando pudiera reclamar la victoria. No se logró nada, y la guerra civil continuó.

2.21–23 Abner advirtió en repetidas ocasiones a Asael que regresara para no perder su vida, pero Asael se negó por el deber que se impuso a sí mismo. La persistencia es una cualidad buena si se usa para una buena causa. Pero si la meta es exclusivamente el honor personal o de algún beneficio, la persistencia puede no ser más que mera terquedad. La terquedad de Abner no solo le costó la vida, sino que además aceleró una desunión infortunada en el ejército de David en los años siguientes (3.26, 27; 1 Reyes 2.28–35). Antes de que decida alcanzar una meta, asegúrese de que la misma valga su devoción.

2.28 Esta batalla terminó con la victoria de las tropas de Joab (2.17), pero la guerra continuó en la nación dividida hasta que David fue finalmente coronado rey de Israel (5.1–5).

Capítulo 3

3.1 Los sucesos del capítulo 2 llevaron a una guerra prolongada entre los seguidores de David y las tropas leales a Abner y a Is-boset. La guerra civil estremeció al país y ambos bandos pagaron un precio muy alto. Esta guerra surgió debido a que Israel y Judá perdieron de vista lo que era el propósito y la visión de Dios: establecerse en la tierra (Génesis 12.7), sacar a los cananeos (Deuteronomio 7.1–4), y obedecer las leyes de Dios (Deuteronomio 8.1). En vez de unirse para alcanzar estas metas, pelearon entre sí. Cuando enfrente un conflicto, dé un paso atrás en las hostilidades y considere si usted y su enemigo tienen metas en común que son más grandes que sus diferencias. Apele a estos intereses para poder llegar a un acuerdo.

3.2–5 David sufrió mucha angustia debido a la gran cantidad de esposas que tuvo. La poligamia era una práctica socialmente aceptada para los reyes en esos tiempos, a pesar de que Dios lo prohibía específicamente (Deuteronomio 17.14–17). Con gran tristeza, los numerosos hijos que nacieron de las esposas de David, le causaron a este grandes problemas: violación (13.14), asesinato (13.28), rebelión (15.13) y codicia (1 Reyes 1.5, 6). Todas estas cosas fueron producto de los celos y rivalidades que existían entre los medio hermanos. Salomón, uno de los hijos de David y su sucesor al trono, también tuvo muchas esposas, y estas a la larga, lo alejaron de Dios (1 Reyes 11.3, 4).

3.6, 7 El dormir con cualquiera de las esposas o concubinas del rey era reclamar el trono para sí, y era considerado como traición. Debido a que Is-boset era un gobernante débil, Abner estaba a cargo del país. Por lo tanto, pudo haber considerado justificable su acción de dormir con la concubina de Saúl. Is-boset, de cualquier modo, vio que el poder de Abner se acrecentaba demasiado.

3.7 Is-boset tuvo razón al hablar en contra del comportamiento de Abner, pero no tuvo la fuerza moral para mantener su autoridad (3.11). La falta de firmeza moral llegó a ser la raíz de los problemas que Israel tuvo durante los próximos cuatro siglos. Sólo cuatro de los siguientes cuarenta reyes de Israel fueron llamados «buenos». Se necesita valor y fortaleza para mantenerse firme ante nuestras convicciones para enfrentar las malas acciones frente a la oposición. Cuando crea que algo está mal, no permita que lo disuadan de su posición. Ataque con firmeza el mal y levántese en favor del bien.

3.8 Al preguntar: «¿Soy yo cabeza de perro?» Abner estaba realmente diciendo, «¿Soy yo un traidor a Judá?» Quizá pudo haber estado refutando la acusación de que él estaba tratando de tomar el trono. O bien pudo haberse disgustado de que Is-boset lo reprendiera después de que, en un primer momento, lo había ayudado a ocupar el trono. Previo a esta conversación, Abner pudo haberse dado cuenta de que no podía detener a David para que a la larga tomara Israel. Debido a que estaba enojado con Is-boset, Abner elaboró un plan para darle el reino de Israel a David.

3.13, 14 Mical había estado casada con David. El rey Saúl había arreglado el matrimonio como recompensa por las hazañas de valor de David (1 Samuel 17.25; 18.24–27). Más tarde, sin embargo, en uno de sus arranques de celos, Saúl le quitó a Mical y la forzó a casarse con Palti (1 Samuel 25.44). Ahora David quería que le devolvieran la esposa antes de comenzar a negociar la paz con las tribus del norte. Quizá David todavía la amaba (pero véase 6.20–23 acerca de la tensión en su relación). Muy probablemente, pensó que el matrimonio con una hija de Saúl fortalecería su reclamo para gobernar todo Israel y demostrar que no guardaba animosidad hacia la casa de Saúl. Palti fue la víctima infortunada atrapada en la telaraña de los celos de Saúl.

3.19 Debido a que Saúl, Is-boset y Abner eran todos de la tribu de Benjamín, el apoyo de los ancianos de esa tribu significaba que Abner hablaba en serio acerca de su oferta. Existía una fuerte posibilidad de superar las rivalidades entre las tribus y unir el reino.

3.26–29 Joab tomó venganza por la muerte de su hermano en lugar de dejar que Dios hiciera justicia. Sin embargo, esa venganza obró en su contra (1 Reyes 2.31–34). Dios castigará a aquellos que se lo merezcan (Romanos 12.19). No se regocije cuando sus enemigos sufren, y no busque venganza. Buscar venganza arruinará su propia tranquilidad mental e incrementará las oportunidades de posteriores represalias.

3.27 Abner mató a Asael, hermano de Joab, en defensa propia. Luego Joab mató a Abner para vengar la muerte de su hermano y además para salvar su posición como líder militar. Se suponía que los hombres que mataban en defensa propia estarían a salvo en ciudades de refugio (Números 35.22–25). Joab mostró su falta de respeto a las leyes de Dios al matar por venganza a Abner en Hebrón, una ciudad de refugio (Josué 20.7).

3.29 David dijo que los descendientes de Joab serían impuros, enfermos y que pasarían necesidad. ¿Por qué dijo David cosas tan duras acerca de Joab? David estaba enojado por la muerte de Abner por muchas razones. (1) Estaba sufriendo por la pérdida de un oficial militar calificado. (2) Quería estar seguro de que la culpa por la muerte de Abner cayera en Joab y no en él mismo. (3) Estaba a punto de convertirse en rey de la nación entera, y utilizar a Abner era la clave para ganarse a las tribus del norte. La muerte de Abner pudo haber revivido la guerra civil. (4) Joab violó el acuerdo que había hecho David de que protegería a Abner. El acto asesino de Joab arruinó los planes de David y este estaba molesto en especial porque su propio general había cometido el crimen.

3.31 Al caminar detrás del féretro, David estaba liderando el duelo.

3.31ss David ordenó a Joab que llevara luto, posiblemente porque pocas personas se habían dado cuenta de que Joab había cometido el crimen y porque David no quería ningún otro problema. Si esto fue así, David estaba pensando más en fortalecer su reino que en impartir justicia.

3.39 Joab y Abisai fueron los dos hijos de Sarvia que David mencionó. David pasó momentos muy difíciles tratando de controlar a Joab porque, a pesar de que era intensamente leal, tenía una voluntad férrea prefiriendo hacer las cosas a su manera. A cambio de su lealtad, sin embargo, David le dio la flexibilidad que tanto deseaba.

El asesinato que cometió Joab contra Abner es un ejemplo de su independencia intensa. A pesar de que David se opuso al asesinato, permitió que no fuera castigado porque (1) el castigar a Joab podría haber hecho que las tropas se rebelaran; (2) Joab era sobrino de David, y cualquier trato fuerte podría haber causado problemas familiares; (3) Joab era de la tribu de Judá, y David no quería una rebelión de su propia tribu; (4) el haberse deshecho de Joab había significado la pérdida de un general hábil y competente que fue invalorable para fortalecer su ejército.


COMENTARIO  LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 21 DE Abril. Lucas 18: 1 -  17

Capítulo 18

18.1 Insistir en nuestras oraciones hasta obtener respuesta no significa una repetición sin fin, ni estar en reuniones de oración prolongadas y tediosas. La oración perseverante implica ser constantes en nuestras peticiones delante de Dios, como si viviéramos por Él de día en día, con la certeza de que responderá. Cuando vivimos por fe, no debemos rendirnos. Dios puede demorar su respuesta, pero siempre tendrá buenas razones y no debemos confundirlas con negligencia de su parte. Al persistir en la oración, crecemos en carácter, fe y esperanza.

18.3 Las viudas y los huérfanos formaban la parte más vulnerable del pueblo de Dios y tanto los profetas del Antiguo Testamento como los apóstoles del Nuevo Testamento insistieron que debían atenderse como era debido. Véanse, por ejemplo, Éxodo 22.22–24; Isaías 1.17; 1 Timoteo 5.3; Santiago 1.27.

18.6,7 Si los jueces malos ceden ante las presiones constantes, cuánto más un Dios grande y amoroso nos responderá. Si hemos sentido su amor, podemos creer que Él responderá nuestros ruegos.

18.10 A menudo, las personas que vivían cerca de Jerusalén iban al templo a orar. El templo era el centro de adoración.

18.11-14 El fariseo no fue al templo a orar a Dios, sino para anunciar a todo aquel que podía oírle cuán bueno era. El publicano reconoció su pecado y pidió misericordia. Creerse justo por mérito propio es peligroso pues conduce al orgullo, motiva desprecio a otros e impide aprender más de Dios. Debiéramos hacer nuestra la oración del publicano porque necesitamos la misericordia de Dios todos los días. No permita que el orgullo le impida reconocer su necesidad de Dios.

18.15-17 Las madres acostumbraban llevar sus hijos al rabino para que les bendijeran y por eso estas madres se reunieron alrededor de Jesús. Los discípulos, sin embargo, pensaron que los niños no eran importantes para ocupar el tiempo del Maestro, eran lo menos importantes de todo lo que Él hacía en esos momentos. Pero Jesús los recibió porque los niños tienen la clase de fe y confianza necesarias para entrar en el Reino de Dios. Es importante presentar nuestros niños a Jesús y que nosotros mismos nos acerquemos a Él con las actitudes de aceptación y confianza de un niño. Biblia del diario vivir. RVR 1960. 


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