LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 17 DE Abril. 1 Samuel 22, 23 24
22
1Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. 2Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.
3Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí. 4Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron con él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte. 5Pero el profeta Gad dijo a David: No te estés en este lugar fuerte; anda y vete a tierra de Judá. Y David se fue, y vino al bosque de Haret.
Saúl mata a los sacerdotes de Nob
6Oyó Saúl que se sabía de David y de los que estaban con él. Y Saúl estaba sentado en Gabaa, debajo de un tamarisco sobre un alto; y tenía su lanza en su mano, y todos sus siervos estaban alrededor de él. 7Y dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él: Oíd ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas, 8para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy? 9Entonces Doeg edomita, que era el principal de los siervos de Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob, a Ahimelec hijo de Ahitob, 10el cual consultó por él a Jehová y le dio provisiones, y también le dio la espada de Goliat el filisteo.
11Y el rey envió por el sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y todos vinieron al rey. 12Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo: Heme aquí, señor mío. 13Y le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando le diste pan y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantase contra mí y me acechase, como lo hace hoy día? 14Entonces Ahimelec respondió al rey, y dijo: ¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, yerno también del rey, que sirve a tus órdenes y es ilustre en tu casa? 15¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a Dios? Lejos sea de mí; no culpe el rey de cosa alguna a su siervo, ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este asunto, grande ni pequeña. 16Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre. 17Entonces dijo el rey a la gente de su guardia que estaba alrededor de él: Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron. Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar a los sacerdotes de Jehová. 18Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino. 19Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada.
20Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba Abiatar, escapó, y huyó tras David. 21Y Abiatar dio aviso a David de cómo Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová. 22Y dijo David a Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg el edomita, él lo había de hacer saber a Saúl. Yo he ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre. 23Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo.
David en el desierto
23
1Dieron aviso a David, diciendo: He aquí que los filisteos combaten a Keila, y roban las eras. 2Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve, ataca a los filisteos, y libra a Keila. 3Pero los que estaban con David le dijeron: He aquí que nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si fuéremos a Keila contra el ejército de los filisteos? 4Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le respondió y dijo: Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos. 5Fue, pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran derrota; y libró David a los de Keila.
6Y aconteció que cuando Abiatar hijo de Ahimelec huyó siguiendo a David a Keila, descendió con el efod en su mano. 7Y fue dado aviso a Saúl que David había venido a Keila. Entonces dijo Saúl: Dios lo ha entregado en mi mano, pues se ha encerrado entrando en ciudad con puertas y cerraduras. 8Y convocó Saúl a todo el pueblo a la batalla para descender a Keila, y poner sitio a David y a sus hombres. 9Mas entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él, dijo a Abiatar sacerdote: Trae el efod. 10Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía. 11¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo? Jehová Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo: Sí, descenderá. 12Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl? Y Jehová respondió: Os entregarán. 13David entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino a Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila, y desistió de salir. 14Y David se quedó en el desierto en lugares fuertes, y habitaba en un monte en el desierto de Zif; y lo buscaba Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos.
15Viendo, pues, David que Saúl había salido en busca de su vida, se estuvo en Hores, en el desierto de Zif. 16Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios. 17Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe. 18Y ambos hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó en Hores, y Jonatán se volvió a su casa.
19Después subieron los de Zif para decirle a Saúl en Gabaa: ¿No está David escondido en nuestra tierra en las peñas de Hores, en el collado de Haquila, que está al sur del desierto? 20Por tanto, rey, desciende pronto ahora, conforme a tu deseo, y nosotros lo entregaremos en la mano del rey. 21Y Saúl dijo: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis tenido compasión de mí. 22Id, pues, ahora, aseguraos más, conoced y ved el lugar de su escondite, y quién lo haya visto allí; porque se me ha dicho que él es astuto en gran manera. 23Observad, pues, e informaos de todos los escondrijos donde se oculta, y volved a mí con información segura, y yo iré con vosotros; y si él estuviere en la tierra, yo le buscaré entre todos los millares de Judá. 24Y ellos se levantaron, y se fueron a Zif delante de Saúl.
Pero David y su gente estaban en el desierto de Maón, en el Arabá al sur del desierto. 25Y se fue Saúl con su gente a buscarlo; pero fue dado aviso a David, y descendió a la peña, y se quedó en el desierto de Maón. Cuando Saúl oyó esto, siguió a David al desierto de Maón. 26Y Saúl iba por un lado del monte, y David con sus hombres por el otro lado del monte, y se daba prisa David para escapar de Saúl; mas Saúl y sus hombres habían encerrado a David y a su gente para capturarlos. 27Entonces vino un mensajero a Saúl, diciendo: Ven luego, porque los filisteos han hecho una irrupción en el país. 28Volvió, por tanto, Saúl de perseguir a David, y partió contra los filisteos. Por esta causa pusieron a aquel lugar por nombre Sela-hama-lecot. 29Entonces David subió de allí y habitó en los lugares fuertes de En-gadi.
David perdona la vida a Saúl en En-gadi
24
1Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le dieron aviso, diciendo: He aquí David está en el desierto de En-gadi. 2Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fue en busca de David y de sus hombres, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses. 3Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva. 4Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. 5Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. 6Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová. 7Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino.
8También David se levantó después, y saliendo de la cueva dio voces detrás de Saúl, diciendo: ¡Mi señor el rey! Y cuando Saúl miró hacia atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia. 9Y dijo David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal? 10He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová te ha puesto hoy en mis manos en la cueva; y me dijeron que te matase, pero te perdoné, porque dije: No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Jehová. 11Y mira, padre mío, mira la orilla de tu manto en mi mano; porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce, pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para quitármela. 12Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová; pero mi mano no será contra ti. 13Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra ti. 14¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? 15Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.
16Y aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras a Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío David? Y alzó Saúl su voz y lloró, 17y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal. 18Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano. 19Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo. 20Y ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable, 21júrame, pues, ahora por Jehová, que no destruirás mi descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre de la casa de mi padre. 22Entonces David juró a Saúl. Y se fue Saúl a su casa, y David y sus hombres subieron al lugar fuerte. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 17 DE Abril. Lucas 16: 1 - 18
Parábola del mayordomo infiel
16
1Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. 2Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. 3Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. 4Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas. 5Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? 6Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta. 7Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Él le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta. 8Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz. 9Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.
10El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. 11Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? 12Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? 13Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
14Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. 15Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.
La ley y el reino de Dios
16La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. 17Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley.
Jesús enseña sobre el divorcio
(Mt. 19.1–12; Mr. 10.1–12)
18Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera. Amen. Rv
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 17 DE Abril. 1 Samuel 22, 23 24
Capítulo 22
22.2 Afligidos, endeudados y amargados de espíritu se unieron a David, ya que él mismo era un forajido. Estas personas eran expatriados y solo podían mejorar su suerte al ayudar a David a convertirse en rey. El control que David tenía sobre este grupo de hombres nos muestra una vez más su ingenio y habilidad para guiar y motivar a otros. Es bastante difícil formar un ejército de buenos hombres, pero se requiere de un gran líder para moldear juntos a la clase de hombres que siguieron a David. A la larga, este grupo constituyó el corazón de su liderazgo militar y llegó a conocerse como «los valientes que tuvo David» (2 Samuel 23.8ss).
22.7, 8 Al parecer, los oficiales clave de Saúl eran de la tribu de Benjamín, como él. David era de la tribu vecina de Judá. Saúl apelaba a la lealtad entre tribus para mantener su control en el trono.
22.18 ¿Por qué Saúl mandó a matar a sus sacerdotes? Saúl sospechaba que había una conspiración entre Jonatán, David y los sacerdotes. Su sospecha provino del informe de Doeg de que vio a David hablando con Ahimelec, el sumo sacerdote, y que recibió de él alimentos y armas (22.9, 10). La acción de Saúl mostró su inestabilidad mental y emocional y lo lejos que andaba de Dios.
Al destruir todo en Nob, Saúl colocaba a la ciudad bajo la «maldición» (declarándola completamente destruida) descrita en Deuteronomio 13.12–17, que se suponía debía usarse solo en casos de idolatría y rebelión contra Dios. Pero era Saúl, no los sacerdotes, quien se había rebelado en contra de Dios.
22.18, 19 ¿Por qué permitió Dios la matanza de ochenta y cinco sacerdotes inocentes? La muerte de esta gente sirvió para ilustrar de manera dramática a la nación hasta dónde un rey puede convertirse en un tirano malvado. ¿Dónde estaban los consejeros de Saúl? ¿Dónde estaban los ancianos de Israel? Algunas veces Dios permite que el mal se desarrolle para enseñarnos a no permitir que sistemas malvados florezcan. Servir a Dios no es obtener un boleto de riqueza, éxito ni salud. Si bien Dios no promete proteger a la gente buena del mal de este mundo, sí promete que al final todo mal quedará abolido. Los que permanezcan fieles a lo largo de sus pruebas experimentarán grandes bendiciones en el día venidero (Mateo 5.11, 12; Apocalipsis 21.1–7; 22.1–21).
22.20 Abiatar escapó y huyó tras David con el efod (23.6), una prenda sacerdotal que contenía el Urim y el Tumim, dos objetos que David utilizó para consultar a Dios. El efod fue quizás el único símbolo del sacerdocio que sobrevivió la redada de Saúl y logró llegar hasta el campamento de David (23.6). Saúl destruyó el sacerdocio de Israel, pero cuando David subió al trono, instaló a Abiatar como sumo sacerdote. Abiatar permaneció en ese puesto durante todo el reinado de David.
Capítulo 23
23.1 La era se trataba de un lugar circular y abierto donde se trillaban las mieses. (A fin de separar el grano de la paja, los agricultores lo aventaban al aire. De esta manera el viento se llevaría la paja, dejando solo el grano. Este proceso se llama aventamiento.) Al saquear las eras, los filisteos despojaban a los ciudadanos de Keila de toda su provisión de alimentos.
23.2 Mediante el Urim y Tumim que el sacerdote Abiatar trajo (23.6), David buscó la dirección de Dios antes de entrar en acción. Escuchó sus instrucciones y luego actuó de acuerdo a ellas. Debemos dedicar el tiempo para discernir la voluntad de Dios de antemano, y no hacerlo después y tener que pedir a Dios que deshaga los resultados de nuestras decisiones apresuradas. Podemos escucharlo hablar mediante el consejo de otros, de su Palabra y de la dirección de su Espíritu Santo en nuestros corazones, así como a través de las circunstancias.
23.6 Un efod era un chaleco sin mangas, hecho de lino, que usaban los sacerdotes. El efod del sumo sacerdote era de colores brillantes y llevaba un pectoral con doce piedras preciosas que representaban cada una de las tribus. El Urim y el Tumim se guardaban en un saquito dentro del efod del sumo sacerdote.
23.7 Cuando Saúl escuchó que David se encontraba atrapado en una ciudad amurallada (una con puertas y vigas), pensó que Dios ponía a David a su merced. Saúl deseaba tanto matar a David, que hubiera interpretado cualquier señal como la aprobación de Dios para continuar con su plan. Si Saúl hubiera conocido mejor a Dios, habría sabido lo que Él quería y no hubiera interpretado mal la situación como si Dios aprobara el asesinato.
No todas las oportunidades las envía Dios. Podemos desear algo tanto, que suponemos que cualquier oportunidad para obtenerlo es de origen divino. Sin embargo, como vemos en el caso de Saúl, esto puede no ser cierto. Una oportunidad para hacer algo en contra de la voluntad de Dios nunca vendrá de Él, porque Dios no nos tienta. Cuando se le presenten en su camino oportunidades, analice dos veces sus propios motivos. Asegúrese de que sigue los deseos de Dios y no solo los suyos.
23.16-18 Esta quizás fue la última vez en que estuvieron juntos David y Jonatán. Como verdaderos amigos eran algo más que simples compañeros que disfrutaban la compañía mutua. Alentaban la fe del otro en Dios y se confiaban sus pensamientos más profundos y sus más íntimos secretos. Esas son señales de una verdadera amistad.
Capítulo 24
24.3 David y sus seiscientos hombres descubrieron que el desierto de En-gadi era un buen lugar para esconderse debido a las numerosas cuevas que habían en el área. El pueblo local utilizaba estas cuevas como casas y tumbas. Para los hombres de David eran lugares de refugio. En la actualidad, aún se pueden ver estas cuevas. Algunas son tan grandes que pueden albergar hasta varios miles de personas.
24.4 Las Escrituras no narran ninguna declaración de Dios a David ni a sus hombres. Estos quizás ofrecieron su propia interpretación de algunos sucesos previos cuando David fue ungido (16.13) o por la predicción de Jonatán de que David sería rey (23.17). Cuando los hombres de David vieron entrar a Saúl en la cueva, creyeron erróneamente que este era una señal de Dios para actuar.
24.5, 6 David tenía un gran respeto por Saúl, a pesar de que este trataba de matarlo. Aun cuando el estado de Saúl era de pecado y rebelión contra Dios, David seguía respetando la posición que tenía como rey ungido de Dios. David sabía que algún día sería rey y sabía además que no era bueno derribar al hombre que Dios había colocado en el trono. Si asesinaba a Saúl, hubiera sentado un precedente para que sus propios adversarios hicieran lo mismo con él algún día.
Romanos 13.1–7 nos enseña que Dios ha colocado al gobierno y a sus líderes en el poder. Como David, quizás no sepamos la razón, sin embargo, tenemos que respetar los puestos y cargos de quienes Dios les ha dado autoridad. Aunque existe una excepción. Debido a que Dios es nuestra máxima autoridad, no debemos permitir que un líder nos obligue a violar la ley de Dios.
24.16-19 Los medios que utilizamos para alcanzar una meta son tan importantes como la meta misma. La meta de David era llegar a ser rey, así que en cuanto tuvo la oportunidad, estos hombres le exhortaron para que matara a Saúl. La negativa de David no fue un ejemplo de cobardía sino de valor. El valor de oponerse a un grupo y hacer lo que él sabía que era lo justo. No comprometa sus normas morales al ceder ante la presión de un grupo ni al tomar una salida fácil.
24.21, 22 David cumplió su promesa: nunca se vengó de la familia de Saúl ni de sus descendientes. No obstante, más tarde los filisteos (31.2) y los gabaonitas (2 Samuel 21.1–14) asesinaron a la mayoría de los hijos de Saúl. David prometió ser misericordioso con los descendientes de Jonatán (20.14, 15) y cumplió su promesa cuando invitó a Mefiboset a vivir en su palacio (2 Samuel 9).
COMENTARIO LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 17 DE Abril. Lucas 16: 1 - 18
Capítulo 16
16.1–8 Nuestro uso del dinero nos habla del señorío de Cristo. (1) Usemos nuestros recursos con sabiduría porque son de Dios y no de nosotros. (2) El dinero puede usarse para bien o para mal; usemos el nuestro para bien. (3) El dinero tiene mucho poder, de ahí que debemos usarlo con cuidado y seriedad. (4) Debemos usar nuestros medios materiales de manera que fomenten la fe y la obediencia (véase Lucas 12.33, 34).
16.9 Andamos por el camino de la sabiduría cuando usamos las oportunidades financieras, no para ganar el cielo, sino para que ese cielo («moradas eternas») sea una experiencia agradable en quienes ayudamos. Si usamos nuestros recursos para ayudar a los necesitados o ayudamos a otros a encontrar a Cristo, nuestra inversión nos brindará beneficios en la eternidad. Cuando acatamos la voluntad de Dios, usamos desinteresadamente las posesiones.
16.10,11 Muchas veces nuestra integridad guarda relación con los asuntos monetarios. Dios nos pide que seamos honestos aun en pequeños detalles. Las riquezas en el cielo son mucho más valiosas que las terrenales. Pero si no somos confiables con nuestras riquezas terrenales (sin importar lo mucho o poco que tengamos), no estamos en condiciones de encargarnos de las grandes riquezas del Reino de Dios. No permita que su integridad se desmorone ante asuntos intrascendentes, solo así no fallará en decisiones cruciales.
16.13 El dinero tiene el poder de ocupar el lugar de Dios en su vida. Puede convertirse en su amo. ¿Cómo descubrir si es esclavo del dinero? (1) ¿Está preocupado siempre por él? (2) ¿Da por generosidad o lo hace a fin de obtener más dinero? (3) ¿Utiliza gran parte de su tiempo preocupándose por sus posesiones? (4) ¿Le es difícil dar dinero? (5) ¿Tiene deudas?
El dinero es un amo poderoso y engañador. Promete poder y control, pero a menudo no lo puede dar. Las grandes fortunas pueden lograrse y perderse de la noche a la mañana, pero no hay riqueza que compre salud, felicidad ni vida eterna. No hay nada mejor que permitir que Dios sea su amo. Sus siervos tienen paz y seguridad, ahora y siempre.
16.14 Debido a que los fariseos amaban el dinero, hicieron una excepción con la enseñanza de Jesús. Quizás también tengamos pasión por nuestro dinero. ¿Nos burlamos de las advertencias de Jesús en contra de servir al dinero? ¿Tratamos de darle alguna explicación? ¿Las aplicamos a otros, los fariseos, por ejemplo? A menos que tomemos en serio las declaraciones de Jesús, quizás actuemos igual que los fariseos.
16.15 Los fariseos actuaban píamente para que otros los admiraran, pero Dios sabía lo que había en sus corazones. Consideraban que la riqueza mostraba la aprobación de Dios. El Señor detestó sus posesiones porque motivaron el abandono de su verdadera espiritualidad. Tal vez la prosperidad gane el favor de la gente, pero nunca sustituirá la devoción ni el servicio a Dios.
16.16, 17 Juan el Bautista era la línea divisoria entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos (Juan 1.15–18). Con Jesús se hicieron realidad todas las esperanzas de los profetas. Enfatizó que su Reino cumplió la Ley (el Antiguo Testamento); no la abrogó (Mateo 5.17). No implantó un nuevo sistema, sino consumó el antiguo. El mismo Dios que obró a través de Moisés obraba mediante Jesús.
16.18 La mayoría de los líderes religiosos de la época de Jesús permitían que el hombre se divorciara de su esposa casi por cualquier motivo. Lo que Jesús enseñó en cuanto al divorcio fue más allá de lo que Moisés enseñó (Deuteronomio 24.1–4). Estrictas como cualquier escuela de pensamiento, las enseñanzas de Jesús estremecieron a sus oyentes (véase Mateo 19.10) como en la actualidad lo hace a sus lectores. Jesús dice en términos inequívocos que el matrimonio es un compromiso para toda la vida. Quizás sea legal que su cónyuge le deje por otra persona, pero es adulterio a los ojos de Dios. Al pensar en el matrimonio, recuerde que la intención de Dios es que sea un compromiso permanente. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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