Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 9 DE Marzo. Deuteronomio 8, 9, 10.

La buena tierra que han de poseer

8

1Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. 2Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. 3Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. 4Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. 5Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. 6Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole. 7Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; 8tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; 9tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes sacarás cobre. 10Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.

 Amonestación de no olvidar a Dios

11Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; 12no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, 13y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; 14y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; 15que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; 16que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; 17y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. 18Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. 19Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis. 20Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios.

 Dios destruirá a las naciones de Canaán

9

1Oye, Israel: tú vas hoy a pasar el Jordán, para entrar a desposeer a naciones más numerosas y más poderosas que tú, ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; 2un pueblo grande y alto, hijos de los anaceos, de los cuales tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿Quién se sostendrá delante de los hijos de Anac? 3Entiende, pues, hoy, que es Jehová tu Dios el que pasa delante de ti como fuego consumidor, que los destruirá y humillará delante de ti; y tú los echarás, y los destruirás en seguida, como Jehová te ha dicho.

4No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti. 5No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

 La rebelión de Israel en Horeb

(Ex. 31.18—32.35)

6Por tanto, sabe que no es por tu justicia que Jehová tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de cerviz eres tú. 7Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová. 8En Horeb provocasteis a ira a Jehová, y se enojó Jehová contra vosotros para destruiros. 9Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua; 10y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea. 11Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto. 12Y me dijo Jehová: Levántate, desciende pronto de aquí, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido; pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho una imagen de fundición.

13Y me habló Jehová, diciendo: He observado a ese pueblo, y he aquí que es pueblo duro de cerviz. 14Déjame que los destruya, y borre su nombre de debajo del cielo, y yo te pondré sobre una nación fuerte y mucho más numerosa que ellos. 15Y volví y descendí del monte, el cual ardía en fuego, con las tablas del pacto en mis dos manos. 16Y miré, y he aquí habíais pecado contra Jehová vuestro Dios; os habíais hecho un becerro de fundición, apartándoos pronto del camino que Jehová os había mandado. 17Entonces tomé las dos tablas y las arrojé de mis dos manos, y las quebré delante de vuestros ojos. 18Y me postré delante de Jehová como antes, cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo el mal ante los ojos de Jehová para enojarlo. 19Porque temí a causa del furor y de la ira con que Jehová estaba enojado contra vosotros para destruiros. Pero Jehová me escuchó aun esta vez. 20Contra Aarón también se enojó Jehová en gran manera para destruirlo; y también oré por Aarón en aquel entonces. 21Y tomé el objeto de vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y lo quemé en el fuego, y lo desmenucé moliéndolo muy bien, hasta que fue reducido a polvo; y eché el polvo de él en el arroyo que descendía del monte.

22También en Tabera, en Masah y en Kiada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida;s24 23Y cuando Jehová os envió desde Cades-barnea, diciendo: Subid y poseed la tierra que yo os he dado, también fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios, y no le creísteis, ni obedecisteis a su voz. 24Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco.

25Me postré, pues, delante de Jehová; cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque Jehová dijo que os había de destruir. 26Y oré a Jehová, diciendo: Oh Señor Jehová, no destruyas a tu pueblo y a tu heredad que has redimido con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano poderosa. 27Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires a la dureza de este pueblo, ni a su impiedad ni a su pecado, 28no sea que digan los de la tierra de donde nos sacaste: Por cuanto no pudo Jehová introducirlos en la tierra que les había prometido, o porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto. 29Y ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido.

 El pacto renovado

(Ex. 34.1–10)

10

1En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera; 2y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste; y las pondrás en el arca. 3E hice un arca de madera de acacia, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano. 4Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová. 5Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó. 6(Después salieron los hijos de Israel de Beerot-bene-jaacán a Mosera; allí murió Aarón, y allí fue sepultado, y en lugar suyo tuvo el sacerdocio su hijo Eleazar. 7De allí partieron a Gudgoda, y de Gudgoda a Jotbata, tierra de arroyos de aguas. 8En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy, 9por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo.)

10Y yo estuve en el monte como los primeros días, cuarenta días y cuarenta noches; y Jehová también me escuchó esta vez, y no quiso Jehová destruirte. 11Y me dijo Jehová: Levántate, anda, para que marches delante del pueblo, para que entren y posean la tierra que juré a sus padres que les había de dar.

 Lo que Dios exige

12Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; 13que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad? 14He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos, la tierra, y todas las cosas que hay en ella. 15Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su descendencia después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día. 16Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz. 17Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; 18que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. 19Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. 20A Jehová tu Dios temerás, a él solo servirás, a él seguirás, y por su nombre jurarás. 21El es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto. 22Con setenta personas descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud. Amen.


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 9 DE Marzo.. Marcos 12: 28 – 44

El gran mandamiento

(Mt. 22.34–40)

28Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. 32Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. 34Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.

 ¿De quién es hijo el Cristo?

(Mt. 22.41–46; Lc. 20.41–44)

35Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? 36Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.

 37David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo? Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana.

 Jesús acusa a los escribas

(Mt. 23.1–36; Lc. 11.37–54; 20.45–47)

38Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, 39y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; 40que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación.

 La ofrenda de la viuda

(Lc. 21.1–4)

41Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. 42Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. 43Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; 44porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento. Amen. Rv


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 9 DE Marzo. Deuteronomio 8, 9, 10

Capítulo 8

8.3 Jesús citó este versículo cuando el diablo lo tentó para que convirtiera las piedras en pan (Mateo 4.4). Muchas personas piensan que la vida es satisfacer nuestros apetitos. Si pueden ganar dinero suficiente para vestirse, comer y jugar en gran estilo, piensan que están viviendo «la buena vida». Pero tales cosas no satisfacen nuestros anhelos más profundos. Al final nos dejan vacíos e insatisfechos. La vida verdadera, según Moisés, surge de una entrega total a Dios, el que creó la vida misma. Requiere de disciplina, sacrificio y esfuerzo, y es por eso que la mayoría de la gente nunca la encuentra.

8.4 Por lo general nos resulta fácil dar por sentada la protección de Dios. Casi nunca notamos ni agradecemos a Dios cuando nuestro automóvil no se descompone, nuestras ropas no se desgarran, ni se rompen nuestras herramientas. Al parecer el pueblo de Israel tampoco, pues ni siquiera notó que durante cuarenta años de peregrinación por el desierto, sus ropas no se gastaron y sus pies no se hincharon. Se olvidaron de dar gracias a Dios por estas bendiciones. ¿Qué cosa le ha estado funcionando bien? ¿Qué cosa le ha brindado buen servicio? ¿Qué cosa ha durado mucho tiempo sin descomponerse ni desmoronarse? Recuerde agradecer a Dios estas bendiciones silenciosas.

8.10 Este versículo se cita tradicionalmente para decir que debemos dar gracias a Dios antes o después de los alimentos. Su propósito, sin embargo, era advertir a los israelitas que no se olvidaran de Dios cuando vieran sus deseos y necesidades satisfechos. Permita que sus oraciones en la mesa sean un recordatorio constante de la bondad de Dios para con usted y el deber que tiene para con los menos afortunados.

8.11-20 En épocas de abundancia, con frecuencia nos acreditamos nuestra prosperidad y nos volvemos orgullosos de que nuestro arduo trabajo e inteligencia nos hayan enriquecido. Es fácil mantenerse ocupado en la acumulación y en la administración de riquezas que echamos a Dios de nuestras vidas. Pero es Dios el que nos da todo lo que tenemos, y es Dios el que nos pide que se lo administremos.

Capítulo 9

9.2, 3 Los anaceos eran enormes. Algunos medían casi tres metros. Goliat, probablemente descendiente de esta raza, rebasaba los 2.70 m de altura (1 Samuel 17.4–7). Desafortunadamente, estos hombres empleaban su estatura como un medio de intimidación y no para causas nobles. Su sola apariencia asustó a los espías israelitas (Números 13.28) y su mala reputación pudo haber sido el factor que impidió a los israelitas entrar a la tierra cuarenta años antes (Números 13, 14). Moisés utilizó todo su poder de persuasión para convencer a su pueblo de que Dios podía manejar a aquellos mastodontes. Utilizó la ilustración de Dios como un fuego consumidor, ya que ni siquiera un gigante podía hacerle frente a eso.

9.18 Según el registro de este acontecimiento en Éxodo 32, Moisés actuó inmediatamente, moliendo el becerro de oro hasta convertirlo en polvo para luego forzar al pueblo a beberlo mezclado con agua. Pero evidentemente Moisés pasó cuarenta días y sus noches intercediendo por el pueblo.

9.23 Moisés estaba recordándole al pueblo su incredulidad de cuarenta años atrás, cuando tuvieron temor de entrar en Canaán. Los israelitas no habían creído que Dios podía ayudarlos, a pesar de todo lo que Él ya había hecho. No quisieron seguirle porque miraron sólo sus propios y limitados recursos, en lugar de mirar a Dios. La incredulidad es la raíz de muchos pecados y problemas en la vida. Cuando se sienta perdido, quizás es que está buscando ayuda y dirección en todos lados menos en Dios. (Véase Salmos 81.6–12; 95.8; 106.13–20; Hebreos 3.)

Capítulo 10

10.5 Cuando unos quinientos años más tarde Salomón colocó el arca en el templo recién construido, las tablas de la Ley todavía estaban allí (1 Reyes 8.9). El arca aparece por última vez en la historia de Israel durante el reinado de Josías, aproximadamente trescientos años después de Salomón (2 Crónicas 35.3).

10.12, 13 A menudo nos preguntamos, «¿qué espera Dios de mí?» Aquí Moisés nos da un resumen simple y fácil de recordar. Aquí están los elementos esenciales: (1) Temor de Dios (tener reverencia ante Él). (2) Caminar en todos sus caminos. (3) Amarlo. (4) Servirle con toda el alma. (5) Guardar sus mandamientos. Cuán a menudo complicamos la fe con reglas, regulaciones y requerimientos hechos por los hombres. ¿Se encuentra frustrado y consumido tratando arduamente de complacer a Dios? Concéntrese en lo que Dios pide de veras y encuentre paz. Respete, siga, ame, sirva y obedezca.

10.16-19 Dios mandó que todos los varones israelitas fueran circuncidados, pero quería que fueran más allá de la realización de la cirugía y entendieran su significado. Era necesario que se sometieran a Dios por dentro, en sus corazones, tanto como afuera, en sus cuerpos. Entonces podrían empezar a imitar el amor y la justicia de Dios en sus relaciones con los demás. Si nuestros corazones están en orden con Dios, también lo estarán nuestras relaciones con los demás. Cuando su corazón haya sido limpiado y se haya reconciliado con Dios, comenzará a ver una diferencia en la forma en que trata a los demás.

10.17 Al decir Moisés que Jehová es Dios de dioses y Señor de señores, estaba distinguiendo al Dios verdadero de todos los dioses locales que se adoraban a lo largo de la tierra. Luego Moisés fue un paso más adelante al llamarlo Dios grande, poderoso y temible. Él tiene tanta grandeza, poder y justicia que el pueblo no puede permanecer delante de Él a no ser por su misericordia. Afortunadamente, su misericordia hacia su pueblo es ilimitada. Cuando comenzamos a comprender el alcance de la misericordia de Dios hacia nosotros, podemos comprender lo que es amor verdadero y cuán profundamente nos ama Dios. Aunque nuestros pecados merecen un castigo severo, Dios ha preferido mostrar su amor y misericordia a todos los que le busquen.

10.20 «Por su nombre jurarás» quiere decir que solo Dios tendría su lealtad.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 9 DE Marzo.. Marcos12: 28 – 44

12.28 En los tiempos de Jesús, los judíos ya habían acumulado cientos de leyes: nada menos que seiscientas trece. Algunos líderes religiosos intentaban distinguir entre las más importantes y las menos importantes. Algunos enseñaban que todas eran igualmente obligatorias y que era muy peligroso hacer cualquiera distinción. Esta pregunta pudo haber causado cierta controversia entre estos grupos, pero la respuesta de Jesús resumió todas las leyes de Dios.

12.29–31 Las leyes de Dios no son onerosas ni en número ni en detalle. Todas pueden reducirse a dos reglas simples para la vida: amar a Dios y amar al prójimo. Estos mandamientos vienen del Antiguo Testamento (Deuteronomio 6.5; Levítico 19.18). Cuando amamos a Dios por entero y nos interesamos en nuestro prójimo como nos interesamos en nosotros mismos, cumplimos el propósito de los Diez Mandamientos y de las demás leyes del Antiguo Testamento. De acuerdo con Jesús, estas dos reglas resumen toda la Ley de Dios. Dejemos que regulen nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestras acciones. Cuando no estemos seguros sobre qué hacer, preguntémonos cuál curso de acción demuestra mejor el amor a Dios y el amor al prójimo.

12.32-34 Este hombre captó el propósito de la Ley de Dios como a menudo se enfatiza en el Antiguo Testamento: el amor sincero es mejor que el cumplimiento externo y que la verdadera obediencia proviene del amor. Debido a que todo el Antiguo Testamento nos guía a Cristo, el próximo paso fue la fe en Jesús mismo y ese era el más difícil.

12.35–37 Jesús citó el Salmo 110.1 para mostrar que David consideraba que el Mesías sería el Señor, no solo su hijo. Los líderes religiosos no entendían que el Mesías sería mucho más que un ser humano descendiente de David; sería Dios mismo en forma de hombre.

12.38-40 Jesús de nuevo puso al descubierto los motivos impuros de los líderes religiosos. Estos no recibían paga y dependían solamente de la hospitalidad de los judíos devotos. Algunos se valían de esta situación para explotar al pueblo, engañaban a los pobres en todo lo que podían y se aprovechaban de los ricos. Fingían espiritualidad para ganar prestigio, reconocimiento y respeto.

12.38–40 Jesús advirtió contra los maestros religiosos a quienes les encantaba parecer santos y recibir honores cuando en realidad eran falsos. Los verdaderos seguidores de Cristo no se distinguen por sus actos aparatosos. Leer la Biblia, orar en público o cumplir con los rituales de la iglesia puede ser una simulación si la intención es ser visto y honrado por ello. Procure que sus acciones concuerden con sus creencias. Viva para Cristo, aun cuando nadie lo vea.
12.40 El castigo a los líderes religiosos sería grande porque, como maestros y guías, cargaban sobre sus hombros la gran responsabilidad de formar la fe de sus discípulos. Pero abrumaban a la gente con leyes insignificantes mientras olvidaban al Dios que debían adorar, y con su voracidad y motivos impuros llevaban a mucha gente por el mal camino.

12.41 En el templo había varias arcas donde la gente podía echar el dinero. Algunas eran para recoger el impuesto del templo que debían pagar los hombres judíos; las otras eran para ofrendas voluntarias. Quizás estas arcas estaban en el atrio de las mujeres.

12.41-44 A los ojos del Señor, esta pobre viuda dio más que todos los demás juntos, a pesar de que su ofrenda fue por mucho la más pequeña. El valor de una ofrenda no lo determina la cantidad, sino el espíritu con que se da. Una ofrenda que se da a regañadientes o por buscar reconocimiento pierde todo su valor. Cuando usted dé, recuerde: las ofrendas de cualquier cantidad agradan a Dios cuando se dan con gratitud y espíritu de generosidad. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.


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