Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 6 DE FEBRERO. Éxodo 39, 40

Hechura de las vestiduras de los sacerdotes

(Ex. 28.1–43)

39

1Del azul, púrpura y carmesí hicieron las vestiduras del ministerio para ministrar en el santuario, y asimismo hicieron las vestiduras sagradas para Aarón, como Jehová lo había mandado a Moisés.

2Hizo también el efod de oro, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido. 3Y batieron láminas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el azul, la púrpura, el carmesí y el lino, con labor primorosa. 4Hicieron las hombreras para que se juntasen, y se unían en sus dos extremos. 5Y el cinto del efod que estaba sobre él era de lo mismo, de igual labor; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, como Jehová lo había mandado a Moisés.

6Y labraron las piedras de ónice montadas en engastes de oro, con grabaduras de sello con los nombres de los hijos de Israel, 7y las puso sobre las hombreras del efod, por piedras memoriales para los hijos de Israel, como Jehová lo había mandado a Moisés.

8Hizo también el pectoral de obra primorosa como la obra del efod, de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. 9Era cuadrado; doble hicieron el pectoral; su longitud era de un palmo, y de un palmo su anchura, cuando era doblado. 10Y engastaron en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera era un sardio, un topacio y un carbunclo; esta era la primera hilera. 11La segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante. 12La tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista. 13Y la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe, todas montadas y encajadas en engastes de oro. 14Y las piedras eran conforme a los nombres de los hijos de Israel, doce según los nombres de ellos; como grabaduras de sello, cada una con su nombre, según las doce tribus. 15Hicieron también sobre el pectoral los cordones de forma de trenza, de oro puro. 16Hicieron asimismo dos engastes y dos anillos de oro, y pusieron dos anillos de oro en los dos extremos del pectoral, 17y fijaron los dos cordones de oro en aquellos dos anillos a los extremos del pectoral. 18Fijaron también los otros dos extremos de los dos cordones de oro en los dos engastes que pusieron sobre las hombreras del efod por delante. 19E hicieron otros dos anillos de oro que pusieron en los dos extremos del pectoral, en su orilla, frente a la parte baja del efod. 20Hicieron además dos anillos de oro que pusieron en la parte delantera de las dos hombreras del efod, hacia abajo, cerca de su juntura, sobre el cinto del efod. 21Y ataron el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con un cordón de azul, para que estuviese sobre el cinto del mismo efod y no se separase el pectoral del efod, como Jehová lo había mandado a Moisés.

22Hizo también el manto del efod de obra de tejedor, todo de azul, 23con su abertura en medio de él, como el cuello de un coselete, con un borde alrededor de la abertura, para que no se rompiese. 24E hicieron en las orillas del manto granadas de azul, púrpura, carmesí y lino torcido. 25Hicieron también campanillas de oro puro, y pusieron campanillas entre las granadas en las orillas del manto, alrededor, entre las granadas; 26una campanilla y una granada, otra campanilla y otra granada alrededor, en las orillas del manto, para ministrar, como Jehová lo mandó a Moisés.

27Igualmente hicieron las túnicas de lino fino de obra de tejedor, para Aarón y para sus hijos. 28Asimismo la mitra de lino fino, y los adornos de las tiaras de lino fino, y los calzoncillos de lino, de lino torcido. 29También el cinto de lino torcido, de azul, púrpura y carmesí, de obra de recamador, como Jehová lo mandó a Moisés.

30Hicieron asimismo la lámina de la diadema santa de oro puro, y escribieron en ella como grabado de sello: SANTIDAD A JEHOVÁ. 31Y pusieron en ella un cordón de azul para colocarla sobre la mitra por arriba, como Jehová lo había mandado a Moisés.

 La obra del tabernáculo terminada

(Ex. 35.10–19)

32Así fue acabada toda la obra del tabernáculo, del tabernáculo de reunión; e hicieron los hijos de Israel como Jehová lo había mandado a Moisés; así lo hicieron. 33Y trajeron el tabernáculo a Moisés, el tabernáculo y todos sus utensilios; sus corchetes, sus tablas, sus barras, sus columnas, sus basas; 34la cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, la cubierta de pieles de tejones, el velo del frente; 35el arca del testimonio y sus varas, el propiciatorio; 36la mesa, todos sus vasos, el pan de la proposición; 37el candelero puro, sus lamparillas, las lamparillas que debían mantenerse en orden, y todos sus utensilios, el aceite para el alumbrado; 38el altar de oro, el aceite de la unción, el incienso aromático, la cortina para la entrada del tabernáculo; 39el altar de bronce con su enrejado de bronce, sus varas y todos sus utensilios, la fuente y su base; 40las cortinas del atrio, sus columnas y sus basas, la cortina para la entrada del atrio, sus cuerdas y sus estacas, y todos los utensilios del servicio del tabernáculo, del tabernáculo de reunión; 41las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para ministrar en el sacerdocio. 42En conformidad a todas las cosas que Jehová había mandado a Moisés, así hicieron los hijos de Israel toda la obra. 43Y vio Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado; y los bendijo.

 Moisés erige el tabernáculo

40

1Luego Jehová habló a Moisés, diciendo: 2En el primer día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo de reunión; 3y pondrás en él el arca del testimonio, y la cubrirás con el velo. 4Meterás la mesa y la pondrás en orden; meterás también el candelero y encenderás sus lámparas, 5y pondrás el altar de oro para el incienso delante del arca del testimonio, y pondrás la cortina delante a la entrada del tabernáculo. 6Después pondrás el altar del holocausto delante de la entrada del tabernáculo, del tabernáculo de reunión. 7Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás agua en ella. 8Finalmente pondrás el atrio alrededor, y la cortina a la entrada del atrio. 9Y tomarás el aceite de la unción y ungirás el tabernáculo, y todo lo que está en él; y lo santificarás con todos sus utensilios, y será santo. 10Ungirás también el altar del holocausto y todos sus utensilios; y santificarás el altar, y será un altar santísimo. 11Asimismo ungirás la fuente y su base, y la santificarás. 12Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua. 13Y harás vestir a Aarón las vestiduras sagradas, y lo ungirás, y lo consagrarás, para que sea mi sacerdote. 14Después harás que se acerquen sus hijos, y les vestirás las túnicas; 15y los ungirás, como ungiste a su padre, y serán mis sacerdotes, y su unción les servirá por sacerdocio perpetuo, por sus generaciones. 16Y Moisés hizo conforme a todo lo que Jehová le mandó; así lo hizo. 17Así, en el día primero del primer mes, en el segundo año, el tabernáculo fue erigido. 18Moisés hizo levantar el tabernáculo, y asentó sus basas, y colocó sus tablas, y puso sus barras, e hizo alzar sus columnas. 19Levantó la tienda sobre el tabernáculo, y puso la sobrecubierta encima del mismo, como Jehová había mandado a Moisés. 20Y tomó el testimonio y lo puso dentro del arca, y colocó las varas en el arca, y encima el propiciatorio sobre el arca. 21Luego metió el arca en el tabernáculo, y puso el velo extendido, y ocultó el arca del testimonio, como Jehová había mandado a Moisés. 22Puso la mesa en el tabernáculo de reunión, al lado norte de la cortina, fuera del velo, 23y sobre ella puso por orden los panes delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés. 24Puso el candelero en el tabernáculo de reunión, enfrente de la mesa, al lado sur de la cortina, 25y encendió las lámparas delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés. 26Puso también el altar de oro en el tabernáculo de reunión, delante del velo, 27y quemó sobre él incienso aromático, como Jehová había mandado a Moisés. 28Puso asimismo la cortina a la entrada del tabernáculo. 29Y colocó el altar del holocausto a la entrada del tabernáculo, del tabernáculo de reunión, y sacrificó sobre él holocausto y ofrenda, como Jehová había mandado a Moisés. 30Y puso la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y puso en ella agua para lavar. 31Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies. 32Cuando entraban en el tabernáculo de reunión, y cuando se acercaban al altar, se lavaban, como Jehová había mandado a Moisés. 33Finalmente erigió el atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Así acabó Moisés la obra.

 La nube sobre el tabernáculo

(Nm. 9.15–23)

34Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo. 35Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba. 36Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; 37pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. 38Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas. Amen.  


LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 6 DE FEBRERO. Mateo 24: 1 -28

Jesús predice la destrucción del templo

(Mr. 13.1–2; Lc. 21.5–6)

24

1Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

 Señales antes del fin

(Mr. 13.3–23; Lc. 21.7–24)

3Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 4Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. 7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8Y todo esto será principio de dolores.

9Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 14Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

15Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; 18y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. 19Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! 20Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;* 21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. 23Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25Ya os lo he dicho antes. 26Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. 27Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. 28Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas. Amen. Rv. 


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 6 DE FEBRERO. Éxodo 39, 40

Capítulo 39

39.1–21 Los sacerdotes tenían que usar cada día un uniforme para el tabernáculo. Algunas de las piezas del uniforme no sólo eran hermosas sino significativas. Dos partes del vestuario del sumo sacerdote eran el efod y el pectoral. El efod se asemejaba a un chaleco y se llevaba sobre la ropa exterior. El pectoral estaba unido al efod (y algunas veces se le llamaba efod). El pectoral era hecho con linos de colores de casi 22 cm2. En su frente había doce piedras preciosas, cada una de ellas llevaba inscrito el nombre de una tribu de Israel. Esto simbolizaba que el sumo sacerdote representaba a todo el pueblo ante Dios. El pectoral también contenía bolsillos que tenían dos piedras o platos llamados Urim y Tumim. De alguna manera el sumo sacerdote podía determinar la voluntad de Dios para la nación al consultar el Urim y el Tumim. 

39.32 Al fin se completó el tabernáculo hasta el último detalle. Dios estaba profundamente interesado en todo. El Creador del universo estaba interesado aun en las pequeñas cosas. Mateo 10.30 dice que Dios realmente sabe el número de cabellos que hay en nuestras cabezas. Esto muestra que está muy interesado en usted. No tenga miedo de hablar con Él de cualquiera de sus preocupaciones, pese a cuán pequeñas o insignificantes puedan parecer.

39.42 Moisés aprendió bien su lección de administración. Delegó importantes responsabilidades a otros y luego confió en ellos para hacer el trabajo. Los grandes líderes, como Moisés, presentan los planes y dirigen mientras permiten que otros participen en el equipo. Si usted es un líder, confíe a sus ayudantes las responsabilidades clave.

39.43 Moisés inspeccionó el trabajo concluido, vio que había sido hecho de la forma que Dios quería y luego bendijo al pueblo. Un buen líder continúa con las tareas asignadas y recompensa el buen trabajo. En cualquier puesto responsable en el que se encuentre, continúe hasta asegurarse de que sus tareas han sido completadas como estaban programadas y muestre agradecimiento a la gente que lo ayudó.

Capítulo 40

40.1ss Moisés se cuidaba de obedecer las instrucciones de Dios al más mínimo detalle. Nótese que no hacía un facsímil razonable de la descripción de Dios, sino una copia exacta. Debiéramos seguir el ejemplo de Moisés y ser minuciosos en nuestra obediencia. Si Dios le ha dicho que haga algo, hágalo, hágalo bien y hágalo completamente.

40.16 Dios le dijo a Moisés cómo construir el tabernáculo y Moisés delegó el trabajo a fin de realizarlo. Dios permite que su pueblo participe con Él cumpliendo su voluntad. Su deber no es sólo sentarse y mirar a Dios obrar, sino hacer su mejor esfuerzo cuando el trabajo necesite ser hecho.

40.17-33 El cuidado físico del tabernáculo requería una larga lista de tareas, y cada una era importante para la obra de la casa de Dios. Este principio es igualmente importante para recordarlo hoy, cuando la casa de Dios es la iglesia. Hay muchas tareas que parecen ser igualmente insignificantes y que tienen que hacerse para darle mantenimiento a su iglesia. No parece muy espiritual el lavar los platos, pintar las paredes o quitar la nieve. Pero son vitales para el ministerio de la iglesia y juegan un papel importante en la adoración a Dios.

40.34 El tabernáculo era la casa de Dios en la tierra. Él lo llenaba con su presencia y su gloria. Casi quinientos años más tarde, Salomón construyó el templo, que sustituyó al tabernáculo como lugar central de adoración. También Dios llenó el templo con su gloria (2 Crónicas 5.13, 14). Pero cuando Israel le dio las espaldas a Dios, su gloria y su presencia abandonaron el templo, y fue destruido por ejércitos invasores (2 Reyes 25). El templo fue reconstruido en 516 a.C. y la gloria de Dios regresó con el mismo gran esplendor casi cinco siglos después cuando Jesucristo, el Hijo de Dios, entró en él y enseñó. Cuando Jesús fue crucificado, la gloria de Dios otra vez abandonó el templo. Sin embargo, Dios ya no necesitó más un edificio físico después que Jesús se levantó de los muertos. El templo de Dios ahora es su iglesia, el cuerpo de creyentes.

40.38 Los israelitas fueron una vez esclavos egipcios que hacían ladrillos sin que le dieran paja. Ahora estaban siguiendo una nube de fuego, cargando el tabernáculo que habían construido para Dios. Éxodo comienza en la penumbra y termina en la gloria, ejemplificando así nuestro progreso a lo largo de la vida cristiana. Comenzamos como esclavos del pecado, somos redimidos por Dios y terminamos nuestro peregrinaje viviendo con Él eternamente. Las lecciones que aprendieron los israelitas a lo largo del camino también son lecciones prácticas para nosotros.


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 6 DE FEBRERO. Mateo 24: 1 - 28.

Capítulo 24

24.1, 2 A pesar de que nadie sabe con exactitud cómo era este templo, debió haber sido hermoso. Herodes había ayudado a los judíos en su remodelación, sin duda alguna para mantener lazos de amistad con sus sometidos. En el interior del templo, junto al lugar donde se hallaban los objetos sagrados y se ofrecían los sacrificios, había un área grande denominada atrio de los gentiles (donde los cambistas y mercaderes tenían sus puestos). Fuera de esos atrios se hallaban los pórticos. El pórtico de Salomón tenía casi medio kilómetro de largo, y el pórtico del trono estaba decorado con ciento sesenta columnas en sus casi trescientos metros de largo. Mientras contemplaban extasiados aquella estructura majestuosa, los discípulos escucharon incrédulos las palabras de Jesús relacionadas con su destrucción. Pero el templo fue destruido sólo cuarenta años más tarde cuando los romanos saquearon Jerusalén en 70 d.C.

24.3ss Jesús estaba sentado en el Monte de los Olivos, el mismo lugar donde el profeta Zacarías predijo que el Mesías pondría sus pies cuando vino a establecer su reino (Zacarías 14.4). Este era un momento adecuado para que los discípulos preguntaran a Jesús cuándo vendría con poder y qué acontecimientos tendrían lugar. La respuesta de Jesús enfatizó los acontecimientos que tendrían lugar antes del final de los tiempos. Aclaró que no debían preocuparse por la fecha exacta sino en estar preparados, en vivir como Dios manda, para que cuando viniera en gloria, pudiera considerarlos suyos.

24.4 Los discípulos preguntaron a Jesús por las señales de su venida y por el fin de los tiempos. Jesús primero respondió: «Mirad que nadie os engañe». El hecho es que siempre que miramos a las señales nos volvemos susceptibles a ser engañados. Hay muchos falsos profetas (24.11–24) rondando con falsas señales de espiritualidad, poder y autoridad. La única manera cierta de guardarnos del engaño es fijar la mirada en Jesús y sus palabras. No busque señales especiales y no pierda el tiempo mirando a otros. Mire a Cristo.

24.9–13 Quizá usted no esté enfrentando persecución intensa ahora, pero hay cristianos en otras partes del mundo que lo están. Cuando oiga de cristianos que sufren por su fe, recuerde que son sus hermanos en Cristo. Ore por ellos. Pregunte a Dios qué puede hacer para ayudarles en sus tribulaciones. Cuando una parte del cuerpo sufre, todo el cuerpo sufre. Cuando todas las partes se unen, el sufrimiento es menor, todo el cuerpo se beneficia (1 Corintios 12.26).

24.11 El Antiguo Testamento menciona con frecuencia a los falsos profetas (véanse 2 Reyes 3.13; Isaías 44.25; Jeremías 23.16; Ezequiel 13.2, 3; Miqueas 3.5; Zacarías 13.2). Eran personas que afirmaban haber recibido mensajes de Dios y que predicaban «salud y bienestar». Decían sólo lo que la gente quería oír, aun cuando la nación no seguía a Dios como debiera. Hubo falsos profetas en los tiempos de Jesús y los tenemos también hoy. Son líderes populares que esparcen un evangelio falso, que dicen lo que la gente quiere oír: «Dios quiere que usted sea rico», «Haga lo que desee», «No existen ni el pecado ni el infierno». Jesús anunció que vendrían maestros falsos, y puso en alerta a sus discípulos, así como lo hace con nosotros, para que no escuchemos sus peligrosas palabras.

24.12 Con las enseñanzas falsas y la pérdida de los valores morales viene una enfermedad particularmente destructiva: la pérdida del verdadero amor a Dios y a los demás. El pecado enfría nuestro amor por Dios y por los demás al hacer que nos enfoquemos sólo en nosotros mismos. Nadie podrá amar si piensa sólo en sí mismo.

24.13 Jesús predijo que los que aborrecen sus puntos de vista perseguirían con severidad a los cristianos. Sin embargo, los cristianos podían tener esperanza en medio de la terrible persecución, sabiendo que la salvación era de ellos. Los tiempos de prueba sirven para diferenciar a los cristianos verdaderos de los que no lo son o de los que son cristianos sólo cuando las cosas van bien. Cuando lo presionen a rendirse y dar las espaldas a Cristo, no ceda. Recuerde los beneficios de permanecer firme y siga viviendo por Cristo.

24.14 Jesús dijo que antes de que Él volviera, las buenas nuevas acerca del Reino (el mensaje de salvación) serían predicadas en todo el mundo. Esta era la misión de los discípulos, y es la nuestra hoy. Jesús se ocupó del fin de los tiempos y del juicio final a fin de mostrar a sus seguidores la urgencia de esparcir las buenas nuevas de salvación por doquier.

24.15, 16 ¿Qué es esta «abominación desoladora» que Daniel y Jesús mencionan? Antes que como un objeto específico, acontecimiento o persona, pudiera interpretarse como un intento deliberado de mofarse y negar la realidad de la presencia de Dios. La predicción de Daniel se hizo realidad en 168 a.C. cuando Antíoco Epífanes sacrificó un cerdo a Zeus en el altar del templo santo (Daniel 9.27; 11.30, 31). Las palabras de Jesús resonaron en 70 d.C., cuando Tito colocó un ídolo en el lugar del templo incendiado después de destruir Jerusalén. Al final de los tiempos, el Anticristo levantará una estatua de sí mismo y ordenará que todos la adoren (2 Tesalonicenses 2.4; Apocalipsis 13.14, 15). Estas son todas las «abominaciones» que buscarán desacreditar lo santo.

24.21,22 Jesús, al hablar del fin de los tiempos, enfocaba a la vez acontecimientos cercanos y futuros, como lo hacían los profetas del Antiguo Testamento. Muchas de estas persecuciones ya han acontecido, muchas están todavía por venir. Pero Dios está en control aún de la duración de las persecuciones. No olvidará a su pueblo. Esto es todo lo que necesitamos saber acerca del futuro para alentarnos a vivir con rectitud hoy.

24.23,24 Jesús advierte acerca de los falsos maestros que retienen la verdad. Al examinarlos bien, se ve que muchos mensajes atractivos no están de acuerdo con el mensaje de Dios en la Biblia. Sólo un fundamento sólido en la Palabra de Dios nos puede equipar para percibir los errores y distorsiones de las falsas enseñanzas.

24.24–28 En medio de la persecución aun a los creyentes firmes se les hará difícil ser fieles. Para evitar ser engañados por los falsos mesías, debemos entender que el regreso de Jesús será incuestionable (Marcos 13.26). Cuando Él vuelva, no habrá duda alguna. Si alguien tiene que decirnos que el Mesías ya vino, es porque no es así (24.27). Cuando Cristo venga, todos lo veremos. Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.


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