LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 10 DE FEBRERO. Levítico 10, 11, 12,
El pecado de Nadab y Abiú
10
1Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. 2Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. 3Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.
4Y llamó Moisés a Misael y a Elzafán, hijos de Uziel tío de Aarón, y les dijo: Acercaos y sacad a vuestros hermanos de delante del santuario, fuera del campamento. 5Y ellos se acercaron y los sacaron con sus túnicas fuera del campamento, como dijo Moisés. 6Entonces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación; pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, sí lamentarán por el incendio que Jehová ha hecho. 7Ni saldréis de la puerta del tabernáculo de reunión, porque moriréis; por cuanto el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros. Y ellos hicieron conforme al dicho de Moisés.
8Y Jehová habló a Aarón, diciendo: 9Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, 10para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, 11y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés.
12Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Itamar sus hijos que habían quedado: Tomad la ofrenda que queda de las ofrendas encendidas a Jehová, y comedla sin levadura junto al altar, porque es cosa muy santa. 13La comeréis, pues, en lugar santo; porque esto es para ti y para tus hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová, pues que así me ha sido mandado. 14Comeréis asimismo en lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo, el pecho mecido y la espaldilla elevada, porque por derecho son tuyos y de tus hijos, dados de los sacrificios de paz de los hijos de Israel. 15Con las ofrendas de las grosuras que se han de quemar, traerán la espaldilla que se ha de elevar y el pecho que será mecido como ofrenda mecida delante de Jehová; y será por derecho perpetuo tuyo y de tus hijos, como Jehová lo ha mandado.
16Y Moisés preguntó por el macho cabrío de la expiación, y se halló que había sido quemado; y se enojó contra Eleazar e Itamar, los hijos que habían quedado de Aarón, diciendo: 17¿Por qué no comisteis la expiación en lugar santo? Pues es muy santa, y la dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová. 18Ved que la sangre no fue llevada dentro del santuario; y vosotros debíais comer la ofrenda en el lugar santo, como yo mandé. 19Y respondió Aarón a Moisés: He aquí hoy han ofrecido su expiación y su holocausto delante de Jehová; pero a mí me han sucedido estas cosas, y si hubiera yo comido hoy del sacrificio de expiación, ¿sería esto grato a Jehová? 20Y cuando Moisés oyó esto, se dio por satisfecho.
Animales limpios e inmundos
(Dt. 14.3–21)
11
1Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciéndoles: 2Hablad a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra. 3De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis. 4Pero de los que rumian o que tienen pezuña, no comeréis éstos: el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo. 5También el conejo, porque rumia, pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo. 6Asimismo la liebre, porque rumia, pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda. 7También el cerdo, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por inmundo. 8De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto; los tendréis por inmundos.
9Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis. 10Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación. 11Os serán, pues, abominación; de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos. 12Todo lo que no tuviere aletas y escamas en las aguas, lo tendréis en abominación.
13Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor, 14el gallinazo, el milano según su especie; 15todo cuervo según su especie; 16el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie; 17el búho, el somormujo, el ibis, 18el calamón, el pelícano, el buitre, 19la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago.
20Todo insecto alado que anduviere sobre cuatro patas, tendréis en abominación. 21Pero esto comeréis de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas, que tuviere piernas además de sus patas para saltar con ellas sobre la tierra; 22estos comeréis de ellos: la langosta según su especie, el langostín según su especie, el argol según su especie, y el hagab según su especie. 23Todo insecto alado que tenga cuatro patas, tendréis en abominación.
24Y por estas cosas seréis inmundos; cualquiera que tocare sus cuerpos muertos será inmundo hasta la noche, 25y cualquiera que llevare algo de sus cadáveres lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche. 26Todo animal de pezuña, pero que no tiene pezuña hendida, ni rumia, tendréis por inmundo; y cualquiera que los tocare será inmundo. 27Y de todos los animales que andan en cuatro patas, tendréis por inmundo a cualquiera que ande sobre sus garras; y todo el que tocare sus cadáveres será inmundo hasta la noche. 28Y el que llevare sus cadáveres, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche; los tendréis por inmundos.
29Y tendréis por inmundos a estos animales que se mueven sobre la tierra: la comadreja, el ratón, la rana según su especie, 30el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camaleón. 31Estos tendréis por inmundos de entre los animales que se mueven, y cualquiera que los tocare cuando estuvieren muertos será inmundo hasta la noche. 32Y todo aquello sobre que cayere algo de ellos después de muertos, será inmundo; sea cosa de madera, vestido, piel, saco, sea cualquier instrumento con que se trabaja, será metido en agua, y quedará inmundo hasta la noche; entonces quedará limpio. 33Toda vasija de barro dentro de la cual cayere alguno de ellos será inmunda, así como todo lo que estuviere en ella, y quebraréis la vasija. 34Todo alimento que se come, sobre el cual cayere el agua de tales vasijas, será inmundo; y toda bebida que hubiere en esas vasijas será inmunda. 35Todo aquello sobre que cayere algo del cadáver de ellos será inmundo; el horno u hornillos se derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis. 36Con todo, la fuente y la cisterna donde se recogen aguas serán limpias; mas lo que hubiere tocado en los cadáveres será inmundo. 37Y si cayere algo de los cadáveres sobre alguna semilla que se haya de sembrar, será limpia. 38Mas si se hubiere puesto agua en la semilla, y cayere algo de los cadáveres sobre ella, la tendréis por inmunda.
39Y si algún animal que tuviereis para comer muriere, el que tocare su cadáver será inmundo hasta la noche. 40Y el que comiere del cuerpo muerto, lavará sus vestidos y será inmundo hasta la noche; asimismo el que sacare el cuerpo muerto, lavará sus vestidos y será inmundo hasta la noche.
41Y todo reptil que se arrastra sobre la tierra es abominación; no se comerá. 42Todo lo que anda sobre el pecho, y todo lo que anda sobre cuatro o más patas, de todo animal que se arrastra sobre la tierra, no lo comeréis, porque es abominación. 43No hagáis abominables vuestras personas con ningún animal que se arrastra, ni os contaminéis con ellos, ni seáis inmundos por ellos. 44Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra. 45Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.
46Esta es la ley acerca de las bestias, y las aves, y todo ser viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la tierra, 47para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.
La purificación de la mujer después del parto
12
1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda. 3Y al octavo día se circuncidará al niño. 4Mas ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación. 5Y si diere a luz hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre.
6Cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote; 7y él los ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que diere a luz hijo o hija. 8Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 10 DE FEBRERO. Mateo 26: 1 – 19.
El complot para prender a Jesús
(Mr. 14.1–2; Lc. 22.1–2; Jn. 11.45–53)
26
1Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: 2Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.
3Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, 4y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. 5Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo.
Jesús es ungido en Betania
(Mr. 14.3–9; Jn. 12.1–8)
6Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, 7vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. 8Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? 9Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. 10Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. 11Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. 12Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 13De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
Judas ofrece entregar a Jesús
(Mr. 14.10–11; Lc. 22.3–6)
14Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, 15y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. 16Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.
Institución de la Cena del Señor
(Mr. 14.12–25; Lc. 22.7–23; Jn. 13.21–30; 1 Co. 11.23–26)
17El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? 18Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. 19Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua. Amen. Rv.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 10 DE FEBRERO. Levitico 10, 11, 12,
Capítulo 10
10.1 ¿Cuál fue el fuego extraño que Nadab y Abiú ofrecieron ante el Señor? El fuego en el altar del holocausto nunca debía apagarse (6.12, 13) implicando que era santo. Es posible que Nadab y Abiú hayan llevado al altar brasas provenientes de otro lugar, haciendo con esto que el sacrificio fuera impuro. También se ha sugerido que los dos sacerdotes ofrecieron una ofrenda en un momento no prescrito. Cualquiera sea la explicación correcta, el punto es que Nadab y Abiú abusaron de su oficio como sacerdotes en un hecho flagrante de falta de respeto a Dios, quien acababa de repasar con ellos precisamente cómo debían dirigir la adoración. Como líderes, tenían la responsabilidad especial de obedecer a Dios ya que estaban en un puesto en el que fácilmente podían extraviar a mucha gente. Si Dios le ha encomendado a usted a guiar o enseñar a otros, asegúrese de permanecer cerca de Él y de seguir su consejo.
10.2 Los hijos de Aarón fueron descuidados al no seguir las leyes para los sacrificios. Como respuesta, Dios los destruyó con una ráfaga de fuego. Llevar a cabo los sacrificios era un acto de obediencia. Hacerlo correctamente era respetar a Dios. Es fácil que nos descuidemos en obedecer a Dios, y vivir según nuestra manera en lugar de la suya. Pero si una forma fuera tan buena como otra, Dios no nos habría ordenado que viviéramos según su manera. Él siempre tiene buenas razones para darnos órdenes, y nosotros siempre nos ponemos en situación peligrosa cuando en forma consciente o descuidada lo desobedecemos.
10.8-11 Los sacerdotes no podían beber vino ni ninguna bebida alcohólica antes de entrar en el tabernáculo. Si sus sentidos estaban entorpecidos por el alcohol podrían repetir el pecado de Nadab y Abiú al introducir algo no santo en el culto de adoración. Además, el beber los descalificaría para enseñar al pueblo los requerimientos de Dios de autodisciplina. La embriaguez estaba asociada con las prácticas paganas y se suponía que los sacerdotes judíos debían ser marcadamente diferentes.
10.10, 11 Este pasaje (junto con 19.1, 2) muestra el punto central de Levítico. Los Diez Mandamientos registrados en Éxodo 20 eran las leyes fundamentales de Dios. Levítico las explica y complementa junto a otras leyes y muchas otras guías y principios que ayudaron a los israelitas a ponerlas en práctica. El propósito de las leyes de Dios era enseñar al pueblo a distinguir lo bueno de lo malo, lo santo de lo común. La nación que vive bajo las leyes de Dios podrá obviamente ser apartada y dedicada a su servicio.
10.16–20 El sacerdote que ofrecía la ofrenda por el pecado debía comer una porción del animal y luego quemar el resto (Levítico 6.24–30). Moisés se enojó porque Eleazar e Itamar quemaron la ofrenda por el pecado, pero no comieron nada de ella. Aarón le explicó a Moisés que sus dos hijos sintieron que no era apropiado comer el sacrificio después de que sus dos hermanos, Nadab y Abiú, acababan de ser muertos por llevar a cabo el sacrificio inadecuadamente. Entonces Moisés entendió que Eleazar e Itamar no estaban tratando de desobedecer a Dios. Simplemente tenían miedo y estaban trastornados por lo que les acababa de suceder a sus dos hermanos.
Capítulo 11
11.8 Dios había prohibido estrictamente comer la carne de ciertos animales «inmundos»; para asegurarse de ello, incluso prohibió tocarlos. Quería que el pueblo estuviera completamente apartado de aquellas cosas que Él había prohibido. Muy a menudo coqueteamos con la tentación, pensando que al menos estamos guardando técnicamente el mandamiento de no cometer pecado. Pero Dios quiere que nos alejemos completamente de todo pecado y de todas las tentaciones.
11.25 Para adorar, la gente necesitaba estar preparada. Había algunos actos de desobediencia, algunos actos naturales (tales como el parto, la menstruación, o el sexo), o algunos accidentes (tales como tocar un cuerpo muerto o enfermo) que harían a una persona ceremonialmente impura y por lo tanto impedida de participar en la adoración. Esto no implicaba que hayan pecado o fueran rechazadas por Dios, pero aseguraba que toda adoración fuera hecha decentemente y con orden. Este capítulo describe muchas de las situaciones intencionales o accidentales que podrían descalificar a una persona de la adoración hasta que fuera «purificada» o rehabilitada. Una persona tenía que estar preparada para la adoración. De igual manera, no podemos vivir como se nos antoje durante la semana y luego correr el domingo hacia la presencia de Dios. Debemos prepararnos a través del arrepentimiento y la pureza. 11.44, 45 Este capítulo va más allá de comer correctamente. Estos versículos ofrecen una clave para comprender todas las leyes y regulaciones de Levítico. Dios quería que su pueblo fuera santo, (apartado, diferente, único) así como Él es santo. Él sabía que tenían solo dos opciones: apartarse y ser santo, o comprometerse con sus vecinos paganos y llegar a ser corruptos. Por eso es que los sacó de la idolatría de Egipto y los apartó como una nación única, dedicada a adorarle sólo a Él y vivir vidas morales. Este también es el motivo por el cual diseñó leyes y restricciones para ayudarles a mantenerse separados, tanto social como espiritualmente, de la maldad de las naciones paganas que habrían de encontrar en Canaán. Los cristianos también son llamados a ser santos (1 Pedro 1.15). Como los israelitas, debemos mantenernos espiritualmente separados de la maldad del mundo, aun cuando, a diferencia de ellos nos codeemos con incrédulos cada día. No es una tarea fácil ser santo en un mundo impío, pero Dios no nos pide que lo intentemos en nuestras propias fuerzas. Mediante la muerte de su Hijo, «para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de Él» (Colosenses 1.22).
11.47 Las designaciones limpio e inmundo se usaron para definir la clase de animales que los israelitas podían o no comer. Había varias razones para establecer esta dieta: (1) Asegurar la salud de la nación. Los alimentos prohibidos eran por lo general animales que merodeaban en la basura y se alimentaban de animales muertos; por lo tanto podían transmitir enfermedades. (2) Para distinguir visiblemente a Israel de otras naciones. El puerco, por ejemplo, era un sacrificio común de las religiones paganas. (3) Para evitar asociaciones censurables. Los animales que andan a ras de suelo, por ejemplo, hacían pensar en las serpientes, que a menudo simbolizaban el pecado.
Capítulo 12
12.1-4 ¿Por qué se consideraba a una mujer «ceremonialmente inmunda» después del grandioso milagro del nacimiento? Probablemente se debía a las emisiones y secreciones corporales que ocurren durante y después del parto. Estas eran consideradas impuras y hacían que la mujer no estuviera preparada para entrar en los alrededores puros del tabernáculo.
12.1–4 Inmundo no significaba pecaminoso ni sucio. Dios nos creó varón y hembra, y nos ordenó que fructificásemos y nos multiplicásemos (Génesis 1.27, 28). No es que haya cambiado de parecer diciendo que ahora de algún modo el sexo y la procreación fuesen inmundos. En lugar de eso, estableció una diferencia entre su adoración y la adoración popular a dioses y diosas de la fertilidad. Las religiones cananeas incorporaban la prostitución y ritos inmorales al rogar el pueblo a sus dioses pidiendo el aumento de sus cultivos, su ganado y sus familias. En contraste, la religión de Israel evitaba toda connotación sexual. Al mantener una separación total entre culto y sexo, Dios ayudó a los israelitas a evitar confusión con los ritos paganos. Los israelitas adoraban a Dios como su amante Creador y Proveedor, y le agradecían por cosechas abundantes y partos seguros.
COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 10 DE FEBRERO. Mateo 26: 1 - 19.
Capítulo 26
26.3 Caifás fue el sumo sacerdote que gobernó durante el ministerio de Jesús. Era yerno de Anás, el sumo sacerdote anterior. El gobierno romano había asumido el proceso de nombrar todos los líderes políticos y religiosos. Caifás sirvió por dieciocho años, mucho más que otros sumo sacerdotes, lo que sugiere que colaboraba bien con los romanos. Fue el primero en recomendar la muerte de Jesús a fin de «salvar» la nación (Juan 11.49, 50).
26.3-5 Este fue un complot deliberado para dar muerte a Jesús. Sin esta conspiración, no hubiera habido sentimiento popular en contra de Él. Es más, la popularidad de Jesús era tanta que los líderes religiosos temían arrestarlo durante la Pascua. No querían que sus acciones incitaran un motín.
26.6-13 Mateo y Marcos ubican este hecho antes de la Última Cena, mientras que Juan lo hace una semana antes, casi antes de la Entrada Triunfal. De los tres, Juan ubica este acontecimiento en el orden cronológico más probable. Debemos recordar que el propósito principal de los escritores de los Evangelios fue dar un informe exacto del mensaje de Jesús, no presentar una relación cronológica exacta de su vida. Mateo y Marcos pudieron haber optado por ubicar este acontecimiento aquí para hacer un contraste con la devoción completa de María y la traición de Judas, los próximos acontecimientos en ambos Evangelios.
26.7 Esta mujer era María, la hermana de Marta y Lázaro, la que vivió en Betania (Juan 12.1–3). El vaso de alabastro era tallado a partir de un yeso traslúcido. Se usaba para guardar aceites perfumados.
26.8 Los discípulos estaban indignados pero el Evangelio de Juan hace una alusión especial a Judas Iscariote (Juan 12.4).
26.11 Jesús se refiere a Deuteronomio 15.11 que dice: «No faltarán menesterosos en medio de la tierra». Esta no es una justificación para olvidarnos de la necesidad de los pobres. Las Escrituras siempre nos hacen un llamado a cuidar de los necesitados. El pasaje de Deuteronomio continúa: «Por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra». Pero Jesús lo dijo para hacer notar el sacrificio especial que María hizo en su favor.
26.14, 15 ¿Por qué decidió Judas traicionar a Jesús? Judas, como los otros discípulos, esperaban que Jesús iniciara una rebelión política y echara a los romanos. Como tesorero, seguramente esperaba (como lo hicieron los otros discípulos; véase Marcos 10.35–37) que le sería dada una posición importante en el nuevo gobierno de Jesús. Pero cuando Jesús encomió a María por haber derramado el perfume, equivalente en precio a un salario anual, Judas pudo haber deducido que el reino de Jesús no era físico o político sino espiritual. Sus ansias de dinero y posición social no podrían hacerse realidad si seguía a Jesús, de manera que lo traicionó a cambio de dinero y el favor de los líderes religiosos.
26.15 Solo Mateo narra la cantidad exacta del dinero que Judas recibió por vender a Jesús: treinta piezas de plata, el precio de un esclavo (Éxodo 21.32). Los líderes religiosos habían planeado esperar hasta después de la Pascua para apresar a Jesús, pero la oferta inesperada de Judas aceleró sus planes.
26.17 La Pascua abarcaba una noche y una cena, pero la Fiesta de los Panes sin Levadura, que se celebraba simultáneamente, seguía por una semana más. La gente sacaba toda la levadura de sus hogares en conmemoración del día en que sus antepasados salieron de Egipto y no tuvieron tiempo para que la masa del pan se leudara. Miles de personas se daban cita en Jerusalén de diferentes partes del Imperio Romano. Biblia del Diario Vivir. RVR 1960.

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