Jaime Anacona Cuellar

 LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 3 DE FEBRERO. Éxodo 31,32,33

Llamamiento de Bezaleel y de Aholiab

(Ex. 35.30—36.1)

31

1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 3y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, 4para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, 5y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor. 6Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado; 7el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, el propiciatorio que está sobre ella, y todos los utensilios del tabernáculo, 8la mesa y sus utensilios, el candelero limpio y todos sus utensilios, el altar del incienso, 9el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base, 10los vestidos del servicio, las vestiduras santas para Aarón el sacerdote, las vestiduras de sus hijos para que ejerzan el sacerdocio, 11el aceite de la unción, y el incienso aromático para el santuario; harán conforme a todo lo que te he mandado.

 El día de reposo como señal

12Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 13Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo;* porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. 14Así que guardaréis el día de reposo,* porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. 15Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo* consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo,* ciertamente morirá. 16Guardarán, pues, el día de reposo* los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. 17Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.

 El becerro de oro

(Dt. 9.6–29)

18Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

32

1Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. 3Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; 4y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 5Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. 6Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.

7Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 8Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 9Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. 10Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.

11Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. 13Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. 14Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

15Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. 16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. 17Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento. 18Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. 19Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. 20Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel.

21Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? 22Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal. 23Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 24Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.

25Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, 26se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví. 27Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. 28Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. 29Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy sobre vosotros.

30Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. 31Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, 32que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. 33Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro. 34Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado.

35Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón.

 La presencia de Dios prometida

33

1Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; 2y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo 3(a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino.

4Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos. 5Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz; en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer. 6Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb.

7Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento. 8Y sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo. 9Cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. 10Y viendo todo el pueblo la columna de nube que estaba a la puerta del tabernáculo, se levantaba cada uno a la puerta de su tienda y adoraba. 11Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.

12Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. 13Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. 14Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. 15Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. 16¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?

17Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. 18El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. 19Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. 20Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. 21Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; 22y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. 23Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro. Amen.

 

LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 3 DE FEBRERO. Mateo 22: 23 - 46

La pregunta sobre la resurrección

(Mr. 12.18–27; Lc. 20.27–40)

23Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, 24diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. 25Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. 26De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. 27Y después de todos murió también la mujer. 28En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?

29Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. 30Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. 31Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: 32Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. 33Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.

 El gran mandamiento

(Mr. 12.28–34)

34Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. 35Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: 36Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38Este es el primero y grande mandamiento. 39Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

 ¿De quién es hijo el Cristo?

(Mr. 12.35–37; Lc. 20.41–44)

41Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, 42diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:

44 Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi derecha,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?

 45Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más. Amen. Rv.

 

COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL A.T.  PARA HOY 3 DE FEBRERO. Éxodo 31,32,33

Capítulo 31

31.1-11 Dios tiene en cuenta las habilidades de su pueblo, no meramente aquellos que tienen habilidades teológicas o ministeriales. Nosotros tendemos a considerar sólo a aquellos que están al frente y cumplen funciones directivas. Dios les dio a Bezaleel y a Aholiab habilidades llenas del Espíritu en la artesanía. Tome nota de todas las habilidades que Dios le da a su pueblo. No menosprecie sus habilidades por no ser como las de Moisés y Aarón.

31.12-17 El día de reposo tenía dos propósitos: era un tiempo para descansar y un tiempo para recordar lo que Dios había hecho. Nosotros necesitamos descansar. Sin un momento alejado del bullicio, la vida pierde su significado. En nuestros días, como en los de Moisés, tomar un descanso no era fácil. Pero Dios nos recuerda que sin el día de reposo nos olvidaríamos del propósito de toda nuestra actividad y perderíamos el balance crucial para una vida fiel. Asegúrese de que su día de descanso le proporcione tanto momentos de refrigerio como momentos para recordar a Dios.

31.18 Las dos tablas del testimonio contenían los Diez Mandamientos. Ellas no eran el único código de leyes del mundo antiguo. Otros códigos surgieron en el momento en que una ciudad o una nación decidió que debía haber patrones de juicio, formas para corregir acciones malas específicas. Pero las leyes de Dios para Israel eran únicas en que: (1) mitigaban los juicios arbitrarios típicos de aquellos días; (2) eran igualitarias, el pobre y el poderoso recibían el mismo castigo; (3) además, no separaban la ley religiosa de la social. Toda la Ley descansaba en la autoridad de Dios.

Capítulo 32

32.1-10 ¡Otra vez ídolos! Aunque Israel había visto actuar al Dios invisible, todavía querían a los dioses que les eran familiares, los que podían ver y moldear en cualquier imagen que quisieran. ¡Cuánto nos parecemos a ellos! Nuestra tentación más grande sigue siendo querer moldear a Dios a nuestro parecer, para hacer que nos convenga obedecerlo u obviarlo. Dios responde con gran ira cuando su misericordia es pisoteada. Los ídolos nos vuelven ciegos al amor que Él preferiría darnos en abundancia. Dios no puede obrar en nosotros cuando ponemos algo o alguien por encima de Él. ¿Existe algún ídolo en su vida que impida que el verdadero Dios viva en usted?

32.4, 5 Los dos dioses egipcios más populares, Apis y Hator, eran imaginados como un toro y una vaquilla. Los cananeos a su alrededor adoraban a Baal, imaginado como un toro. Este era su símbolo sagrado de poder y fertilidad y estaba relacionado íntimamente con prácticas de inmoralidad sexual. Sin duda, a los israelitas, recién salidos de Egipto, les pareció muy natural hacer un becerro de oro para representar al Dios que acababa de liberarlos de sus opresores. Estaban cansados de un dios sin rostro. Pero al hacerlo estaban desconociendo el mandamiento que recién habían recibido: «No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra» (20.4). Puede que incluso pensaran que estaban adorando a Dios. Su aparente sinceridad no era ningún sustituto para la obediencia o excusa para la desobediencia.

Aunque no nos hagamos ídolos, con frecuencia somos culpables de tratar de hacer a Dios a nuestra imagen, moldeándolo para encajar con nuestras expectativas, deseos y circunstancias. Cuando hacemos esto, terminamos adorándonos a nosotros mismos en vez de adorar al Dios que nos creó, y la autoadoración, tanto hoy como en los tiempos de los israelitas, lleva a toda clase de inmoralidad. ¿Cuál es su imagen favorita de Dios? ¿Es bíblica? ¿Es adecuada? ¿Necesita destruirla para poder adorar al Dios inmensamente poderoso que nos liberó de la atadura del pecado?

32.9-14 Dios estaba listo para destruir a la nación entera por su pecado. Pero Moisés imploró misericordia, y Dios los perdonó. Este es uno de los ejemplos innumerables que hay en las Escrituras de la misericordia divina. Aunque merezcamos su ira, Él está presto a perdonarnos y restaurar nuestra relación con Él. Podemos recibir el perdón de los pecados al pedírselo. Al igual que Moisés, podemos orar que Dios perdone a otros y nos use para llevarles el mensaje de su misericordia.

32.14 ¿Cómo pudo Dios cambiar de parecer? Dios no cambió de parecer en la misma forma en la que un padre decide no disciplinar a su hijo. Dios cambió su comportamiento para permanecer congruente con su naturaleza. Cuando quiso destruir al pueblo, estaba actuando en coherencia con su justicia. Cuando Moisés intercedió por el pueblo, Dios «cambió» para actuar en forma lógica con su misericordia. Dios le había dicho al pueblo varias veces que si cambiaban sus caminos, Él no los condenaría. Ellos cambiaron y Dios hizo lo que había prometido.

32.19, 20 Abrumado por el espectáculo de la ruidosa idolatría y las orgías Moisés rompió las tablas que contenían los mandamientos, los cuales ya habían sido quebrantados en los corazones y en los actos de la gente. La ira justa tiene su lugar. Por enojado que estuviera Moisés, Dios lo estaba aún más, deseaba matar a todo el pueblo. La ira ante el pecado es una señal de vitalidad espiritual. No apague este tipo de enojo. Pero cuando se encuentre justificadamente airado ante el pecado, cuídese de no hacer algo que más tarde pueda lamentar.

32.21–24 La decisión de Aarón casi le costó la vida. Su excusa absurda evidencia la declinación espiritual de su liderazgo y del pueblo. Aquellos que cumplen la función de voceros y ayudantes deben tener plena certeza de que su teología y su moralidad están sintonizadas con Dios de manera que no influya en ellos la presión ejercida por el pueblo. Si desea más información sobre Aarón, véase su perfil en el capítulo 32.

Capítulo 33

33.5, 6 Esta prohibición acerca de los atavíos no fue una ley permanente, sino un símbolo de arrepentimiento y de duelo. En Éxodo 35.22 el pueblo seguía usando su joyería.

33.11 Dios habló con Moisés cara a cara en el tabernáculo de reunión, como lo haríamos con un amigo. ¿Por qué Moisés encontró este favor con Dios? Una cosa es segura, que no fue por causa de su perfección, sus dones o su poder. Más bien fue porque Dios escogió a Moisés, y este en respuesta puso su plena confianza en la sabiduría y dirección de Dios. La relación íntima con Dios fue un verdadero privilegio para Moisés, fuera del alcance para los demás hebreos de esa época. Pero esta relación especial no está fuera de nuestro alcance actualmente. Jesús llamó a sus discípulos y por extensión, a todos sus seguidores sus amigos (Juan 15.15). También lo llama a usted a ser su amigo. ¿Confiará como lo hizo Moisés?

33.11 Josué, el ayudante de Moisés, no abandonó la tienda, probablemente porque la estaba cuidando. Sin duda, había gente curiosa que se hubiese atrevido a entrar.

33.18–23 La oración de Moisés era ver la gloria de Dios manifestada. Deseaba tener la seguridad de que él, Aarón y Josué estaban acompañados de la presencia de Dios, y también quería conocer esa presencia por experiencia propia. Por ser nosotros finitos y moralmente imperfectos, no es posible que existamos y veamos a Dios tal cual es. Ver la espalda de Dios significa que sólo podemos mirar por donde ha pasado. Sólo podemos conocerlo por lo que hace y por su manera de actuar. No es posible que comprendamos cómo es Dios verdaderamente excepto por Jesucristo (Juan 14.9). Jesús prometió que se manifestaría a los que creyesen (Juan 14.21).


COMENTARIO DE LA PALABRA EN EL N.T.  PARA HOY 3 DE FEBRERO. Mateo 22: 23 -46

22.23ss Como los fariseos y herodianos no pudieron atrapar a Jesús, los saduceos con disimulo lo intentaron. No creían en la resurrección porque el Pentateuco (Génesis a Deuteronomio) no tiene una enseñanza directa al respecto. Los fariseos no habían podido hacer uso de un argumento convincente tomado del Pentateuco para defender la resurrección, y los saduceos pensaron que tenían atrapado a Jesús. Pero este les demostró lo contrario (véase en 22.31, 32 la respuesta de Jesús).

22.24 Si desea más información sobre Moisés, véase su perfil en Éxodo 14.

22.24 La ley decía que cuando el esposo moría sin dejar un hijo, el hermano soltero del hombre tenía la responsabilidad de casarse con la viuda y cuidarla (Deuteronomio 25.5, 6). Así protegían a esas mujeres, que por lo general no tenían otros medios para vivir.

22.29,30 Los saduceos preguntaron cómo sería el matrimonio en la eternidad. Jesús les respondió que era más importante comprender el poder de Dios que conocer cómo será el cielo. En cada generación y cultura, los puntos de vista acerca del cielo o la vida eterna tienden a basarse en imágenes y experiencias de la vida presente. Jesús manifestó que estos puntos de vista errados tienen como origen el desconocimiento de la Palabra de Dios. No debemos considerar la eternidad enmarcada en nuestras ideas ni entender a Dios en términos humanos. Debiéramos concentrarnos más en nuestra relación con Dios que en saber cómo es el cielo. Con el tiempo lo sabremos, y veremos que es infinitamente mejor que nuestras expectativas.

22.31, 32 Tomando en cuenta que los saduceos solo aceptaban el Pentateuco, Jesús respondió en base a Éxodo (3.6). Dios no diría: «Yo soy el Dios de tus padres», si pensaba que Abraham, Isaac y Jacob estaban muertos. Desde la perspectiva de Dios, ellos vivían. Jesús usó un tiempo verbal presente para referirse a la resurrección y la vida eterna que todos los creyentes disfrutan en Él.

22.34 Uno podría pensar que los fariseos se alegraron al ver silenciados a los saduceos. La pregunta con la que los saduceos siempre los atrapaban había sido al fin contestada por Jesús. Pero los fariseos eran demasiado orgullosos para mostrarse impresionados. La respuesta de Jesús les daba una victoria teológica sobre los saduceos, pero estaban más interesados en acaban con Jesús que en aprender una verdad.

22.35–40 Los fariseos, que habían logrado clasificar unas seiscientas leyes, con frecuencia trataban de distinguir entre lo más importante y lo menos importante. De modo que uno de ellos «experto en leyes» le pidió a Jesús que identificara la ley más importante. Jesús citó Deuteronomio 6.5 y Levítico 19.18. Al cumplir estos dos mandamientos, una persona cumplía las restantes, ya que resumen los Diez Mandamientos y las otras leyes morales del Antiguo Testamento.

22.37-40 Jesús dice que si amamos a Dios y a nuestro prójimo por naturaleza guardamos los mandamientos. Esto es mirar la ley de Dios de manera positiva. En vez de estar preocupándonos de lo que no podemos hacer, debiéramos concentrarnos en aquello que sí podemos hacer para mostrar que amamos a Dios y a los demás.

22.41–45 Los fariseos, herodianos y saduceos le habían presentado sus preguntas. Ahora Jesús invierte los papeles y les formula una pregunta bien interesante: quién pensaban que era el Mesías. Los fariseos sabían que el Mesías sería un descendiente de David pero no que también sería Dios mismo. Jesús usó el Salmo 110.1 para mostrarles que el Mesías era muy superior a David (Hebreos 1.13 emplea el mismo texto para probar la identidad de Jesús). La pregunta más importante que hemos de responder es qué creemos acerca de Cristo. Las demás preguntas espirituales son irrelevantes hasta que creemos que Jesús es quien dijo que es. Comentario de la Biblia del Diario Vivir. Rv.


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