LECTURA DE LA PALABRA EN EL A.T. PARA HOY 24 DE Mayo 1 Crónicas 11, 12, 13
David es proclamado rey de Israel
(2 S. 5.1–5)
11
1Entonces todo Israel se juntó a David en Hebrón, diciendo: He aquí nosotros somos tu hueso y tu carne. 2También antes de ahora, mientras Saúl reinaba, tú eras quien sacaba a la guerra a Israel, y lo volvía a traer. También Jehová tu Dios te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel mi pueblo. 3Y vinieron todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y David hizo con ellos pacto delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová por medio de Samuel.
David toma la fortaleza de Sion
(2 S. 5.6–10)
4Entonces se fue David con todo Israel a Jerusalén, la cual es Jebús; y los jebuseos habitaban en aquella tierra. 5Y los moradores de Jebús dijeron a David: No entrarás acá. Mas David tomó la fortaleza de Sion, que es la ciudad de David. 6Y David había dicho: El que primero derrote a los jebuseos será cabeza y jefe. Entonces Joab hijo de Sarvia subió el primero, y fue hecho jefe. 7Y David habitó en la fortaleza, y por esto la llamaron la Ciudad de David. 8Y edificó la ciudad alrededor, desde Milo hasta el muro; y Joab reparó el resto de la ciudad. 9Y David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos estaba con él.
Los valientes de David
(2 S. 23.8–39)
10Estos son los principales de los valientes que David tuvo, y los que le ayudaron en su reino, con todo Israel, para hacerle rey sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová. 11Y este es el número de los valientes que David tuvo: Jasobeam hijo de Hacmoni, caudillo de los treinta, el cual blandió su lanza una vez contra trescientos, a los cuales mató.
12Tras de éste estaba Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, el cual era de los tres valientes. 13Este estuvo con David en Pasdamim, estando allí juntos en batalla los filisteos; y había allí una parcela de tierra llena de cebada, y huyendo el pueblo delante de los filisteos, 14se pusieron ellos en medio de la parcela y la defendieron, y vencieron a los filisteos, porque Jehová los favoreció con una gran victoria.
15Y tres de los treinta principales descendieron a la peña a David, a la cueva de Adulam, estando el campamento de los filisteos en el valle de Refaim. 16David estaba entonces en la fortaleza, y había entonces guarnición de los filisteos en Belén. 17David deseó entonces, y dijo: ¡Quién me diera de beber de las aguas del pozo de Belén, que está a la puerta! 18Y aquellos tres rompieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén, que está a la puerta, y la tomaron y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, y dijo: 19Guárdeme mi Dios de hacer esto. ¿Había yo de beber la sangre y la vida de estos varones, que con peligro de sus vidas la han traído? Y no la quiso beber. Esto hicieron aquellos tres valientes.
20Y Abisai, hermano de Joab, era jefe de los treinta, el cual blandió su lanza contra trescientos y los mató, y ganó renombre con los tres. 21Fue el más ilustre de los treinta, y fue el jefe de ellos, pero no igualó a los tres primeros.
22Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón valiente de Cabseel, de grandes hechos; él venció a los dos leones de Moab; también descendió y mató a un león en medio de un foso, en tiempo de nieve. 23El mismo venció a un egipcio, hombre de cinco codos de estatura; y el egipcio traía una lanza como un rodillo de tejedor, mas él descendió con un báculo, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y lo mató con su misma lanza. 24Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y fue nombrado con los tres valientes. 25Y fue el más distinguido de los treinta, pero no igualó a los tres primeros. A éste puso David en su guardia personal.
26Y los valientes de los ejércitos: Asael hermano de Joab, Elhanan hijo de Dodo de Belén, 27Samot harodita, Heles pelonita; 28Ira hijo de Iques tecoíta, Abiezer anatotita, 29Sibecai husatita, Ilai ahohíta, 30Maharai netofatita, Heled hijo de Baana netofatita, 31Itai hijo de Ribai, de Gabaa de los hijos de Benjamín, Benaía piratonita, 32Hurai del río Gaas, Abiel arbatita, 33Azmavet barhumita, Eliaba saalbonita, 34los hijos de Hasem gizonita, Jonatán hijo de Sage ararita, 35Ahíam hijo de Sacar ararita, Elifal hijo de Ur, 36Hefer mequeratita, Ahías pelonita, 37Hezro carmelita, Naarai hijo de Ezbai, 38Joel hermano de Natán, Mibhar hijo de Hagrai, 39Selec amonita, Naharai beerotita, escudero de Joab hijo de Sarvia, 40Ira itrita, Gareb itrita, 41Urías heteo, Zabad hijo de Ahlai, 42Adina hijo de Siza rubenita, príncipe de los rubenitas, y con él treinta, 43Hanán hijo de Maaca, Josafat mitnita, 44Uzías astarotita, Sama y Jehiel hijos de Hotam aroerita; 45Jediael hijo de Simri, y Joha su hermano, tizita, 46Eliel mahavita, Jerebai y Josavía hijos de Elnaam, Itma moabita, 47Eliel, Obed, y Jaasiel mesobaíta.
El ejército de David
12
1Estos son los que vinieron a David en Siclag, estando él aún encerrado por causa de Saúl hijo de Cis, y eran de los valientes que le ayudaron en la guerra. 2Estaban armados de arcos, y usaban de ambas manos para tirar piedras con honda y saetas con arco. De los hermanos de Saúl de Benjamín: 3El principal Ahiezer, después Joás, hijos de Semaa gabaatita; Jeziel y Pelet hijos de Azmavet, Beraca, Jehú anatotita, 4Ismaías gabaonita, valiente entre los treinta, y más que los treinta; Jeremías, Jahaziel, Johanán, Jozabad gederatita, 5Eluzai, Jerimot, Bealías, Semarías, Sefatías harufita, 6Elcana, Isías, Azareel, Joezer y Jasobeam, coreítas, 7y Joela y Zebadías hijos de Jeroham de Gedor.
8También de los de Gad huyeron y fueron a David, al lugar fuerte en el desierto, hombres de guerra muy valientes para pelear, diestros con escudo y pavés; sus rostros eran como rostros de leones, y eran ligeros como las gacelas sobre las montañas. 9Ezer el primero, Obadías el segundo, Eliab el tercero, 10Mismana el cuarto, Jeremías el quinto, 11Atai el sexto, Eliel el séptimo, 12Johanán el octavo, Elzabad el noveno, 13Jeremías el décimo y Macbanai el undécimo. 14Estos fueron capitanes del ejército de los hijos de Gad. El menor tenía cargo de cien hombres, y el mayor de mil. 15Estos pasaron el Jordán en el mes primero, cuando se había desbordado por todas sus riberas; e hicieron huir a todos los de los valles al oriente y al poniente.
16Asimismo algunos de los hijos de Benjamín y de Judá vinieron a David al lugar fuerte. 17Y David salió a ellos, y les habló diciendo: Si habéis venido a mí para paz y para ayudarme, mi corazón será unido con vosotros; mas si es para entregarme a mis enemigos, sin haber iniquidad en mis manos, véalo el Dios de nuestros padres, y lo demande. 18Entonces el Espíritu vino sobre Amasai, jefe de los treinta, y dijo: Por ti, oh David, y contigo, oh hijo de Isaí. Paz, paz contigo, y paz con tus ayudadores, pues también tu Dios te ayuda. Y David los recibió, y los puso entre los capitanes de la tropa.
19También se pasaron a David algunos de Manasés, cuando vino con los filisteos a la batalla contra Saúl (pero David no les ayudó, porque los jefes de los filisteos, habido consejo, lo despidieron, diciendo: Con peligro de nuestras cabezas se pasará a su señor Saúl). 20Así que viniendo él a Siclag, se pasaron a él de los de Manasés, Adnas, Jozabad, Jediaiel, Micael, Jozabad, Eliú y Ziletai, príncipes de millares de los de Manasés. 21Estos ayudaron a David contra la banda de merodeadores, pues todos ellos eran hombres valientes, y fueron capitanes en el ejército. 22Porque entonces todos los días venía ayuda a David, hasta hacerse un gran ejército, como ejército de Dios.
23Y este es el número de los principales que estaban listos para la guerra, y vinieron a David en Hebrón para traspasarle el reino de Saúl, conforme a la palabra de Jehová: 24De los hijos de Judá que traían escudo y lanza, seis mil ochocientos, listos para la guerra. 25De los hijos de Simeón, siete mil cien hombres, valientes y esforzados para la guerra. 26De los hijos de Leví, cuatro mil seiscientos; 27asimismo Joiada, príncipe de los del linaje de Aarón, y con él tres mil setecientos, 28y Sadoc, joven valiente y esforzado, con veintidós de los principales de la casa de su padre. 29De los hijos de Benjamín hermanos de Saúl, tres mil; porque hasta entonces muchos de ellos se mantenían fieles a la casa de Saúl. 30De los hijos de Efraín, veinte mil ochocientos, muy valientes, varones ilustres en las casas de sus padres. 31De la media tribu de Manasés, dieciocho mil, los cuales fueron tomados por lista para venir a poner a David por rey. 32De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos. 33De Zabulón cincuenta mil, que salían a campaña prontos para la guerra, con toda clase de armas de guerra, dispuestos a pelear sin doblez de corazón. 34De Neftalí, mil capitanes, y con ellos treinta y siete mil con escudo y lanza. 35De los de Dan, dispuestos a pelear, veintiocho mil seiscientos. 36De Aser, dispuestos para la guerra y preparados para pelear, cuarenta mil. 37Y del otro lado del Jordán, de los rubenitas y gaditas y de la media tribu de Manasés, ciento veinte mil con toda clase de armas de guerra.
38Todos estos hombres de guerra, dispuestos para guerrear, vinieron con corazón perfecto a Hebrón, para poner a David por rey sobre todo Israel; asimismo todos los demás de Israel estaban de un mismo ánimo para poner a David por rey. 39Y estuvieron allí con David tres días comiendo y bebiendo, porque sus hermanos habían preparado para ellos. 40También los que les eran vecinos, hasta Isacar y Zabulón y Neftalí, trajeron víveres en asnos, camellos, mulos y bueyes; provisión de harina, tortas de higos, pasas, vino y aceite, y bueyes y ovejas en abundancia, porque en Israel había alegría.
David propone trasladar el arca a Jerusalén
13
1Entonces David tomó consejo con los capitanes de millares y de centenas, y con todos los jefes. 2Y dijo David a toda la asamblea de Israel: Si os parece bien y si es la voluntad de Jehová nuestro Dios, enviaremos a todas partes por nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel, y por los sacerdotes y levitas que están con ellos en sus ciudades y ejidos, para que se reúnan con nosotros; 3y traigamos el arca de nuestro Dios a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso de ella. 4Y dijo toda la asamblea que se hiciese así, porque la cosa parecía bien a todo el pueblo.
David intenta traer el arca
(2 S. 6.1–11)
5Entonces David reunió a todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta la entrada de Hamat, para que trajesen el arca de Dios de Quiriat-jearim. 6Y subió David con todo Israel a Baala de Quiriat-jearim, que está en Judá, para pasar de allí el arca de Jehová Dios, que mora entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado. 7Y llevaron el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y Ahío guiaban el carro. 8Y David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos, arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas.
9Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban. 10Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió, porque había extendido su mano al arca; y murió allí delante de Dios. 11Y David tuvo pesar, porque Jehová había quebrantado a Uza; por lo que llamó aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy. 12Y David temió a Dios aquel día, y dijo: ¿Cómo he de traer a mi casa el arca de Dios? 13Y no trajo David el arca a su casa en la ciudad de David, sino que la llevó a casa de Obed-edom geteo. 14Y el arca de Dios estuvo con la familia de Obed-edom, en su casa, tres meses; y bendijo Jehová la casa de Obed-edom, y todo lo que tenía. Amen.
LECTURA DE LA PALABRA EN EL N.T. PARA HOY 24 DE Mayo, Juan 9: 1 - 34
Jesús sana a un ciego de nacimiento
9
1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. 6Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. 8Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? 9Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. 12Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.
Los fariseos interrogan al ciego sanado
13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14Y era día de reposo* cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo.* Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. 17Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.
18Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, 19y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; 21pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. 22Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. 23Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
24Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. 25Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? 28Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. 29Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. 30Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. 31Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. 32Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. 33Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. 34Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron. Amen. Rv
COMENTARIO DEL A.T. 1 CRÓNICAS 11,12,13.
1 Crónicas 11
11.1, 2 Los detalles de cómo David llegó al poder se relatan con mayor amplitud en 2 Samuel. Crónicas enfatiza que Dios nombró a David como gobernante, aun cuando utilizó los esfuerzos de muchas personas, incluso algunos de la propia familia de Saúl. Dios sigue siendo soberano sobre la historia, dirige los sucesos para cumplir su voluntad. Los libros de Crónicas demuestran que no importa lo que el hombre haga para entorpecer la obra de Dios, El sigue controlando todos los hechos y obra su voluntad en ellos.
11.3, 4 David fue rey sobre Judá por siete años y medio antes de capturar Jerusalén. Cuando finalmente David fue ungido rey sobre Israel, habían pasado veinte años desde que Samuel lo había ungido (1Sa 16:1-13). Vale la pena esperar que se cumplan las promesas de Dios. Aun cuando su tiempo no coincida con nuestras expectativas o deseos.
11.4 David eligió a Jerusalén como capital por motivos políticos y militares. Jerusalén estaba cerca del centro del reino y, debido a que se localizaba en una frontera tribal, era un territorio neutral. Por lo tanto su localización aminoraba los celos entre las tribus. Además Jerusalén estaba localizada en una colina alta, lo que hacía difícil el ataque. (Para más información acerca de la ciudad de Jerusalén, véase la nota a 2Sa 5:6.)
11.9 El poder de David aumentó como resultado directo de su firme confianza en Dios. En contraste, el poder de Saúl disminuyó debido a que quiso todo el crédito para sí e ignoró a Dios (1Sa 15:17-26). Aquellos que se concentran en construir un nombre para sí se arriesgan a perder el reconocimiento que buscan. Al igual que David, debemos preocuparnos por la rectitud, honestidad y excelencia, y dejar los resultados a Dios.
11.12-14 La acción de Eleazar cambió el curso de la batalla. Cuando todos los que estaban a su alrededor corrieron, él se mantuvo firme en su lugar y fue salvado por Dios. En cualquier lucha, el miedo puede hacernos vacilar en lugar de estar firmes en Dios, participando de sus triunfos. Enfréntese al miedo. Si usted está arraigado en Dios, la victoria llega cuando sostiene esa confianza.
11.15 Los treinta jefes eran los oficiales de mayor rango y los más valientes del ejército de David.
11.15-19 Estos tres hombres arriesgaron su vida solo para complacer a David. David reconoció que su devoción estaba inspirada en su devoción a Dios, por la tanto él vertió el agua como ofrenda demostrando que únicamente Dios merece tal devoción. Dieron el agua a David y él, a su vez, la dio a Dios. Del mismo modo que estos hombres se entregaron a sí mismos para servir a David, debemos hacer a un lado nuestros propios intereses para servir a otros cristianos (Rom 12:10). Cuando servimos a otros, estamos también sirviendo a Dios.
1 Crónicas 12
12.1 Siclag era una ciudad filistea a la cual había escapado David para esconderse de Saúl. Aquis, el gobernante filisteo de esa área, estaba feliz de tener a un famoso guerrero israelita que había desertado de su tierra. Sin embargo, no sabía que David sólo estaba fingiendo su lealtad. Aquis dio la ciudad de Siclag a David, su familia, y su ejército (1Sa 27:5-7). El paradero de David no era un gran secreto, y muchos seguidores leales se le unieron ahí.
12.1ss David se rodeó de grandes guerreros, el mejor de los ejércitos israelita. ¿Qué cualidades reunieron para merecer ser guerreros y sirvientes de David? (1) Habían practicado suficientemente para perfeccionar sus habilidades (con arco, honda, o lanza). (2) Poseían una mentalidad firme y determinada ("sus rostros eran como rostros de leones"). (3) Estaban físicamente en forma ("eran ligeros como las gacelas", 12.8). (4) Estaban dedicados a servir a Dios y a David. Los líderes débiles se ven fácilmente amenazados por subordinados competentes, sin embargo los líderes poderosos se rodean de lo mejor. No se intimidan ante seguidores capaces y competentes.
12.1-7 Todos los guerreros que se mencionan aquí eran de la tribu de Benjamín. Incluso miembros de la propia tribu de Saúl (1Sa 9:1-2) que desertaban para ayudar a David a convertirse en rey de Israel. Estaba claro para ellos que Dios había elegido a David para ser el siguiente líder de Israel.
12.2 Los que usaban arcos y los que tiraban con hondas usaban armas específicas. La honda era discreta en apariencia pero mortal en batalla. Como un pequeño saco de piel con un cordón de piel o pelo de cabra atado a cada lado, la honda se giraba encima de la cabeza. Cuando se soltaba uno de sus lados, esto hacía que la piedra diera en un objetivo. El arco y la flecha habían sido usadas durante miles de años. Las puntas de las flechas eran de piedra, madera o hueso, debido a que los filisteos todavía tenían el monopolio de la metalúrgica (1Sa 13:19-20). Las astas de las flechas eran de carrizo o madera, y las cuerdas de los arcos eran de tripas de animales.
12.8 Si bien los hombres de Benjamín eran arqueros y honderos experimentados, los guerreros de Gad eran expertos con el escudo y la lanza. Las lanzas israelitas tenían las astas de madera y las puntas de hueso o piedra las cuales a menudo eran lanzadas por el aire hacia su objetivo. Las lanzas filisteas tenían astas de bronce y puntas de acero y los escudos eran de madera recubierta con piel. Con frecuencia los escuderos portaban grandes escudos y su tarea principal era proteger al guerrero.
12.18 ¿Cómo trabajaba el Espíritu Santo en los tiempos del Antiguo Testamento? Cuando había que hacer algún trabajo importante, Dios escogía a una persona para hacerlo, y el Espíritu daba a esa persona el poder y la habilidad necesarios. El Espíritu dio a Bezaleel habilidad artística (Exo 31:1-5) a Jefté destreza militar (Jdg 11:29), a David poder para gobernar (1Sa 16:13), y a Zacarías palabras proféticas con autoridad (2Ch 24:20). Aquí el Espíritu Santo llegó sobre los guerreros de David. El Espíritu llega a los individuos para que puedan alcanzar metas específicas. Sin embargo, el Espíritu llegó a todos los creyentes el día de Pentecostés, no sólo para darles poder para hacer toda la voluntad de Dios, sino también para morar en ellos todos los días (Act 2:14-21). 12.22 David poseía "un gran ejército, como el ejército de Dios". Estos hombres fueron atraídos por David debido a la reputación de sus grandes guerreros, las noticias de sus victorias y el deseo de que se hiciera la voluntad de Dios al hacer rey a David. A menudo la gente se ve atraída a las grandes causas y los valientes son las personas determinadas que los apoyan. Como creyentes tenemos la causa más grande: la salvación de la humanidad. Si somos valientes, determinados y fieles, otros se verán atraídos a trabajar con nosotros.
12.26-29 En Num 1:47-50, Dios dijo a los levitas que estarían exentos del servicio militar. ¿Por qué entonces se enumeran aquí como parte del ejército de David? a pesar de que ellos estaban exentos de reclutamiento, aquí apoyaron mucho a David y ofrecieron sus servicios voluntariamente para ayudar a instalarlo como rey.
12.32 Doscientos de los principales de la tribu de Isacar entendieron los tiempos. Como resultado, su conocimiento y juicio proporcionaron la ayuda necesaria para tomar las decisiones de la nación. Para los líderes de hoy, es igualmente necesario conocer lo que está sucediendo en la sociedad para poder planear las mejores medidas de acción de la iglesia. El conocimiento de los acontecimientos, tendencias, y necesidades actuales nos ayuda a comprender los pensamientos y actitudes de las personas. Esto ayuda a los líderes a tomar decisiones sabias para la iglesia y a comprender la forma en la que debemos hacer relevante el mensaje de Dios en sus vidas.
12.40 El pueblo estaba listo para un cambio. Había sufrido bajo el liderazgo de Saúl y por su desobediencia a Dios (véase 10.13). Estaba tan eufórico con la coronación de David que esto contribuyó abundantemente a la celebración. Es correcto y apropiado dar con generosidad para una celebración o un culto de regocijo, Dios es el autor de la alegría, y El se unirá a nosotros en la celebración.
1 Crónicas 13
13.1 David tomó el tiempo necesario para consultar a sus oficiales. Como rey, tenía la autoridad final y podría haber dado las órdenes por sí mismo, pero decidió involucrar a otros en el liderazgo. Quizá esta sea la razón por la cual hubo un apoyo unánime en sus decisiones (13.1-5). Cuando estamos a cargo, nos vemos tentados a tomar decisiones unilaterales, haciendo presión por medio de nuestras propias opiniones. No obstante, los líderes importantes escuchan cuidadosamente las opiniones de los demás y alientan a otros a participar en la toma de decisiones. Por supuesto, debemos siempre consultar a Dios primero. Podemos meternos en grandes problemas si no lo hacemos (véase la nota a 13.10).
13.1ss El relato paralelo del traslado del arca (2 Samuel 5, 6) muestra que los proyectos de construcción de David se terminaron antes de que trajera el arca a Jerusalén. El escritor de Crónicas coloca primero el traslado del arca porque quería subrayar los alcances espirituales de David y su relación con Dios.
13.3 Al arca de Dios también se la llama arca del pacto. El objeto más sagrado de la fe hebrea era una gran caja que contenía las tablas de piedra en las cuales Dios había escrito los Diez Mandamientos (Exo 25:10-22). David ya había hecho de Jerusalén su capital política (Exo 11:4-9). Ahora él traía el arca a Jerusalén con la esperanza de hacerla el centro de adoración de la nación.
13.3 El arca de Dios había estado en Quiriat-jearim por muchos años. La manera en que Israel descuidó el arca mostraba el desinterés que tenía por Dios. El traer de regreso el arca al centro de la vida de Israel reflejaba el deseo de David de recordar a la nación su verdadero cimiento: Dios. Descuidar aquellas cosas que nos recuerdan a Dios -la Biblia, la iglesia, la relación con cristianos- nos hará también desatender a Dios. Debemos mantener a Dios en el centro de nuestras vidas.
13.6 Los querubines son ángeles poderosos.
13.8 La adoración en el Antiguo Testamento era algo más que un sobrio ejercicio religioso. Las Escrituras aprueban la exuberancia de David cuando adoraba a Dios con danza y música. Nuestra adoración debe reflejar un balance sano: algunas veces debemos ser reflexivos y serios (véase Exo 19:14ss), y otras veces debemos mostrar entusiasmo y júbilo. ¿Necesita más reflexión seria, o más celebración jubilosa?
13.10 ¿Por qué murió Uza? El tocó el arca, y esa era una ofensa que se castigaba con la muerte. Dios había dado instrucciones específicas de cómo debía ser cargada y trasladada el arca (Num 4:5-15) pero fueron tomadas a la ligera en este caso. Los levitas eran responsables de trasladar el arca (no existe ningún registro de que Uza fuese levita), y debía ser llevada en sus hombros con unas varas que atravesaban sus aros (Num 7:9) y nunca debía ser tocada. El haber trasladado el arca en un carro se debió a la influencia filistea (1Sa 6:1ss). Uza, a pesar de que fue sincero en su deseo de proteger el arca, tuvo que enfrentarse a las consecuencias de su pecado. Y se le recordó a David que su obediencia a las leyes de Dios era más importante que su entusiasmo. Además David "tomó consejo con los capitanes" (1Sa 13:1), pero fue negligente al no preguntarle a Dios. El consejo de nuestros amigos y colegas no sustituye a la dirección de Dios.
13.10-14 Uza murió al instante por tocar el arca, pero Dios bendijo el hogar de Obed-edom, donde se guardó el arca por un tiempo. Esto demuestra las dos facetas del poder de Dios: su amor perfecto y su justicia perfecta. Aquellos que obedecen sus mandatos reciben grandes bendiciones, pero los que desobedecen reciben castigo severo. Este juicio puede llegar rápidamente o demorar algún tiempo, pero vendrá. Algunas veces nos concentramos sólo en las bendiciones que Dios nos da, olvidándonos de que cuando pecamos "¡horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!" (Heb 10:31). En otras ocasiones, sin embargo, nos concentramos tanto en el juicio, que nos perdemos sus bendiciones. No tenga una visión unilateral de Dios. Junto con sus bendiciones viene la responsabilidad de vivir de acuerdo con sus demandas de justicia, honestidad y equidad.
13.11 David estaba enojado tanto con Dios como consigo mismo. Sabía que algo había hecho mal al transportar el arca. Estaba enojado porque sus planes para un regreso gozoso del arca habían terminado en la muerte de un hombre. Pero esta ira se enfrió y dejó el arca en el hogar de Obed-edom hasta que pudiera encontrar la forma de llevarla a Jerusalén. Esto le permitió descubrir las instrucciones de Dios para el transporte del arca. El siguiente viaje sería llevado a cabo de acuerdo con los mandatos de Dios.
COMENTARIO DEL N.T. Juan 9: 1 – 34.
Juan 9
9.1ss En el capítulo 9 vemos cuatro reacciones diferentes ante Jesús. Los vecinos revelaron sorpresa y escepticismo; los fariseos mostraron incredulidad y prejuicio; los padres creyeron pero callaron por temor a la excomunión; y el hombre sanado demostró una fe constante y creciente. 9.2, 3 Una creencia común en la cultura judía era que la calamidad y el sufrimiento eran el resultado de algún gran pecado. Pero Cristo utilizó el sufrimiento de este hombre para enseñar acerca de la fe y glorificar a Dios. Vivimos en un mundo caído donde la buena conducta no recibe siempre una recompensa y la mala conducta no recibe siempre un castigo. Por lo tanto, los inocentes a veces sufren. Si Dios quitase el sufrimiento cada vez que lo pidiésemos, lo seguiríamos por comodidad y conveniencia, no por amor y devoción. Sean cuales fueren las razones de nuestro sufrimiento, Jesús tiene poder para ayudarnos a lidiar con él. Cuando sufra debido a una enfermedad, una tragedia o una incapacidad, trate de no preguntar: "¿Por qué me sucedió esto?" ni "¿En qué me equivoqué?" Más bien pida a Dios que le dé fortaleza para la prueba y una perspectiva más clara de lo que está sucediendo. 9.7 Ezequías construyó el estanque de Siloé. Sus obreros abrieron un conducto subterráneo desde un manantial que estaba fuera del muro de la ciudad para que llevase agua al interior de la misma. Así la gente podía siempre obtener agua sin temor al ataque. Esto resultaba especialmente importante en tiempos de sitio (véanse 2Ki 20:20; 2Ch 32:30). 9.13-17 Mientras que los fariseos investigaban y discutían acerca de Jesús, la gente se sanaba y cambiaba. El escepticismo de los fariseos no se basaba en la falta de evidencia, sino en los celos debido a la popularidad de Jesús y su influencia en las personas. 9.14-16 El día de reposo de los judíos, el sábado, era el santo día de descanso de la semana. Los fariseos elaboraron una larga lista específica de permisos y prohibiciones referentes al día de reposo. Trabajar con lodo y sanar al hombre se consideraban trabajo y por lo tanto estaban prohibidos. Es posible que Jesús haya hecho el lodo a propósito a fin de enfatizar su enseñanza acerca del día de reposo: Es bueno ocuparse de las necesidades de otros aun cuando implique trabajar en un día de reposo. 9.25 Ya el ex ciego había escuchado las mismas preguntas demasiadas veces. No sabía cómo ni por qué Jesús lo sanó, pero sabía que su vida cambió milagrosamente y no temía decir la verdad. No es necesario que uno conozca todas las respuestas para hablar de Cristo a otros. Es importante decirles cómo El ha cambiado nuestra vida. Luego confiemos que Dios usará esas palabras para ayudar a otros a creer también en El. 9.28, 34 La nueva fe del hombre fue severamente probada por algunas de las autoridades. Lo maldijeron y lo expulsaron de la sinagoga. Es posible que llegue persecución cuando uno sigue a Jesús. Tal vez pierda amigos; incluso quizás pierda la vida. Pero nadie puede quitarle jamás la vida eterna que Jesús le da. Comentarios de la Biblia del diario vivir. RVR 1960.

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